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Full text of "Discurso pronunciado en el Teatro Caracas"

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\ /ilstribnir los premios el Colegio de 

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Imprenta Bolívar— De Pedro *Ooll Otero. 



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TEATRO CARACAS 



POR EL SEÑOR 

EVARISTO FOMBONA 

En el acto de distribuir los premios el Colegio de Santa 
María, la noche del 7 de Agosto de 1880. 



OAEACAS 
Imprenta Bolívar— De Pedro OoU Otero. 

1880. 



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CONFESIÓN. 



Tibi soli peccavi et 
malum coram te feci. 



Es liora de arrodillarme contrito ante el 
Tribunal de la penitencia y de confesar en alta 
voz mi pecado para merecer la absolución pú- 
blica. 

El 7 de Agosto de 1879, leyó mi amigo el 
señor Diego Jugo Ramírez, en el Teatro de 
Caracas, y en el acto solemne de la repartición 
de premios del Colegio de Santa María, sus 
versos " Vanidad de la Ciencia; " y leídos en 
aquel acto literario me parecieron una injuria 
á la solemnidad de la fiesta. Es como genial 
en mi amigo el señor Jugo ese horror a la 
ciencia; y si merece perdón su idiosincrasia, 
merece censura, cuando es incongruente esa 
manifestación. Llegó la hora del desagravio de 
la ciencia, y velando yo en formas abstractas 
al pecador, como tributo de cariño, debí no 
obstante afear y afeé el pecado. íío falté á 
ninguna conveniencia. Anheloso el señor 
Jugo de presentarse de nuevo en el escenario, 
y enamorado locamente de sus versos, me trans- 
figura para cohonestar su desesperación de re- 
producir la " Vanidad de la Ciencia, " y al 
reproducirla, la transfigura también. Ambos 
puntos están probados. ISTo fué del agrado de 



mi carácter, un tanto levantisco, la forma de 
la ('arta que en la Bevista Comercial del 12 de 
Agosto me dirige el señor Jugo ; y yo que tengo 
la libertad de aceptar ó de no aceptar mis con- 
tendores, no quise contender con él, como no 
quiero reproducir su carta ahora, aunque me 
merece indulgencia plenaria mi amigo el señor 
Diego Jugo Ramírez. 

Llenó la tribuna en el mismo acto solemne 
del 7 de Agosto de 1879, mi amigo el señor 
Marco Antonio Saluzzo, y prcmunció un dis- 
curso de formas académicas, de acento magis- 
tralmente oratorio, y magistralmente accionado. 
Si me cautivó la forma del discurso, el fondo 
del discurso lastimó mi alma española. Desde 
entonces abrigué el firme propósito de desagra- 
viar la historia y desagraviar á mi patria, en 
la primera solemne ocasión. 

Anunciado como discursante de orden, me 
presenté en casa del señor Saluzzo y le expuse los 
párrafos en que, sin nombrarle, y bajo formas 
•abstractas, le comprendía. Le faculté para su- 
primir ó modificar la forma que creyera trans- 
parente. Nada encontró, ni que suprimir ni 
que alterar. 

No hice al señor Jugo la misma explicación 
. porque sus heridas a la ciencia no imprimían 
carácter, como imprimían carácter á la histo- 
ria y á la España, descubridora y colonizado- 
ra del Nuevo Mundo, las heridas del señor Sa- 
luzzo. Por otra parte, era difícil encontrar la 
alusión al señor Jugo, y era fácil encontrar la 
alusión al señor Saluzzo, discursante de orden 
en un acto igual. 

El orador de orden para el Colegio de 
Santa María, era mi hijo Manuel, adolescente 
de 24 años, alumno que fué del mismo Colé- 



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gio. Era yo el orador de orden del Colegio 
VillégavS, á condición de que el acto fuese en 
el Teatro de Caracas, i)aríi que allí, donde en 
un acto igual ó igualmente solemne se liabian 
sentado proposiciones depresivas de 1m ciencia- 
las unas y de la historia y de nuestra raza 
depresivas las otras, fuese allí mismo pronun- 
ciada nji solemne condenación. A última liora, 
por causas que respeto, prefirió mi amigo el 
Dr. Villegas celebrar el acto literario en el mis- 
mo local del Instituto. 

Era mi última palabra sobre instrucción 
piiblica : mi 7iial(( venturada última palabra co- 
mo la llama mi amigo el señor Jugo. Mi 
primera palabra la pronuncie adolescente en el 
a(;to solemnísimo de encargarme del Kectorado 
del Colegio Nacional de Calabozo en 1845 ; y 
la llamó admirable la dirección de Estudios, pre- 
sidida por el sabio Doctor Vargas, y de la que 
eran miembros Varones preclaros como Cagigal y 
Pedro Pablo Díaz, de tan notoria ilustración. 

Arrodillado y contrito ante el Tribunal 
de la penitencia, ya que confieso en alta voz 
mi pecado, no se liará esperar la absolución 
pública. 

Evaristo FomborAa. 



mscuEso 



Pronunciado por el señor Evaristo Fombona, en el Teatro 

Caracas, la noche del 7 de Agosto de 1880, en el 

acto de distribuir los premios el "Colegio de 

Santa María." 



A LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 
TRIBUTO DE REYERENCIA. 

Señores : 

Bajo la más profunda tristeza de mi alma por desgracias 
de familia, vengo á cumplir el deber, imperioso deber, de pro- 
nunciar el discurso de orden en esta festiva solemnidad de la 
instrucción pública. Alto honor para mí hablar ante tan lucida 
concurrencia, sin más título que mi amor á la enseñanza, á la 
que dediqué en Venezuela los mejores años de mi juventud, 
en la firme convicción de que del buen carácter de la ense- 
ñanza depende la felicidad de la familia y la gloria de la 
Eepública. Y es justo alentar y sostener hoy al subir por la 
pendiente déla vida, á esta generación escolar que ha de alen- 
tarnos y sostenernos á nosotros mañana al bajar por la pen- 
diente de la muerte. Por el recuerdo de nuestros beneficioí^ 
vivamos en la memoria déla posteridad. 



— 2 



'' ¡ Mira que vas á hablar á los atenienses !'' se decia Feríeles 
al subir con paso tímido á la tribuna, él, tan osado en el 
poder. 

''• \ Mira que vas á hablar á los caraqueños, atenienses de 
la América española ! " dígome yo, que no soi Feríeles : artista 
supremo de la palabra, tirano implacable de la elocuencia, 
arbitro d(í las soberanas muchedumbres sin arbitrio para librarse 
de tan dulce imperio ; y esclavas sumisas de aquel autócrata 
admirable de la tribuna al posarse en sus labios la musa de 
la elocuencia. Y yo no haré un discurso : daré cabos sueltos 
para que otros lo hagan. Y como es motivada esta peroración, 
no hay que buscar en sus períodos los cortes coherentes de 
un discurso académico ; y halle disculpa la incoherencia en gra- 
cia de mi buen propósito. En un acto igual, é igualmente 
solemne y en presencia de nuestra juventud, se sentaron 
proposiciones, depresivas de la ciencia las unas y de la his- 
toria y de nuestra raza depresivas las otras. Y es justo de- 
volver á la ciencia sus fueros, á la historia su carácter y á 
nuestra raza sus nobles títulos. Haré que no pasen de cinco 
ó seis mis cabos sueltos. 

Expondré la justicia de solemnizar los exámenes como es- 
tímulo á los directores y como aliento á los al unmos, y la con- 
veniencia de mantener nuestros Estatutos escolares que alguien 
quiere modificar, industrialmente. 

Expondré que la ciencia no es un pecado como quiere 
decírsenos ; que la ciencia es la virtud del alma como la virtud 
es la ciencia del corazón 5 que si la ciencia fuera un pecado, 
nuestros sentidos y nuestras potencias serian nuestra desventura, 
y dádivas malditas los dones del Espíritu Santo 5 y el hombre, 
soberano de la tierra, descenderia de su solio para ser galeote 
al remo, Sísifo con su roca, el eterno forzado de eterna ser- 
vidumbre. Y Dios que es impecable, seria un gran pecador ; 
porque la ciencia humana en su más alto esplendor no es más 
que pálido reflejo d(í la ciencia divina. La ignorancia sí que 
es un pecado, y un pecado mortal que mata el cuerpo y mata 
el alma. La ignorancia mata á Sócrates, el más sabio de los 
sabios de Grecia ; y mata á Focion, tan elocuente como Be- 
móstenes y más honrado que Demóstenes : varón divino cuyo 



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pecho latió todo para su patria que le niega sepultura ; y 
mano piadosa recoge aquel cadáver desterrado para sepultarlo 
en tierra extranjera, en tierra de Megara. La ignorancia 
despedaza en las calles de Alejandría á la bella j docta y 
virtuosísima Hipatia, sin que pudiera librarla del furor de la 
muchedumbre ni su juventud, capaz de amansar las fieras : 
ni su belleza, su peregrina hermosura, que pudiera servir de 
ejemplar á Fidias para, la estatuaria : ni su sabiduría, que 
pudiera ser orgullo de Plíiton en la Academia. 

Expondré la necesidad de (jue nosotros, generadon bata- 
lladora, eduquemos esta generación escolar, para (jue, aleccionada 
en nuestro infortunio, dé mejores días á esta patria, tan rica 
en dones de naturaleza que hace infecundos nuestra discordia 
luicional. 

pjxpondré que no fueron tan malos nuestros padres, como 
lo proclaman sin ser mejores algunos de sus hijos ; y aunque 
lo fueran, les negaría el derecho de ultrajar á sus mayores. 

Expondré qne la industria es l)uena y muy buena ; pero 
regulada por la, moral. Si la mecánica celeste es admirable, 
es porque la jnoral celeste la regula. El Cosuios tiene sus 
leyes que proclaman la sabiduría del supremo Legislador. Y 
como en mis cabos sueltos no hay primero ni segundo, el 
perorador tiene la ventaja de este desorden. 

Acaso sea éste mi último tributo á la noble causa de la 
enseñanza en Venezuela. Acaso mi ultimo homenaje á la 
memoria cristiana de nuestros mayores. Acaso mi última ofrenda 
en el altar de la concordia nacional de esta patria de mis 
hijos, tan querida á mi corazón como mi misma patria Es- 
paña. 

Y extraño á la política y por mi propio criterio y creyendo 
interpretar honradauíente el sentimiento del país, tributo un ho- 
menaje de justicia al Ilustre Americano, que estima como uno 
de los principales deberes de su laboriosa é inteligente Admi- 
nistración, llevar los beneficios de la enseñanza á todos los pueblos 
de la Eepública. 

Todas nuestras facultades piden escenario para desenvolverse 
y atmósfera para avigorarse y altos ejemplos dignos de imi- 
tación que nos abran camino. Para dar rico fruto, primicias 



V 



á la patria, estos juegos escolares deben ser solemnes ; aunque 
no tan solemnes como los juegos lielenos donde se hizo admirar 
Herodoto, padn^ de la historia : donde Oorina y Píndaro se 
disputaron la palma : donde había escenario para el genio y 
coronas y estatuas i)ara el vencedor en el gimnasio de la inteli- 
gencia. ¡ Qué grandes eran los í)ueblos helenos cuando eran 
grandes sus ciudadanos y era grande su patriotismo ! 

Hoi asistimos al jubilo de la victoria escolar en cumpli- 
miento de un deb(!r ; y yo, en cumplimiento de un deber, y 
media docena y no más de personas respetables, asistimos á 
las angustias del combatt; escolar, para alentar en sus arduas 
tareas á los Directores, para fortalecer en sus penosos ejerci- 
cios á los alumnos, siquiera con el aplauso que es la más grata 
recompensa en estas luchas escolares. 

El honibrí.' marcha [)ero Dios le guia, dice Fenelon. 
El Evangelio es la luz de la verdad, la estrella polar de las 
naciones ; y nosotros al propagarlo y defenderlo, condenamos 
á esos ñilsos doctores (jue en la prensa y en la cátedra, 
pervirtiendo la conciencia pública, mantienen en eterna con- 
vulsión á los pueblos. Es necesario combatir sin tregua á esa 
raza de Jezabel que sostiene en el mundo el imperio de todas 
las abominaciones. Para adiestrarnos en el combate de las 
doctrinas salvadoras, bueno es comenzar el manejo de las 
armas desde la escuela. 

No condenemos la ciencia por temor de que nos lleve 
á la impiedad. Si la condenamos, entonces son estériles vues- 
tras luchas, jóvenes que formajs la esperanza de la patria : 
entonces vuestros afanes son perdidos, beneméritos Directores 
que preparáis en las aulas á los futuros conductores de la 
República : entonces vuestros desvelos no merecen aplauso, 
merecen reprobación. Los verdaderamente sabios son piado- 
sos, y son piadosos los verdaderamente grandes. 

En todas las esferas, y en el orden jerárquic^o, se- Ibace sentir 
el himno de alabanza á la majestad de Dios. Lai iiaturalJeza 
espiritual ha de sobresalir en ese concierto de la, «üeacion. Si 
el homenaje es universal, nuestro pequeño gjtofó0: y nuestiig» 
mísera naturaleza no han de romper tan afable arnion.ía>. 
Yeámoslo. 



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Kewtori, sabio desde su adolescencia,, allí está su binomio: 
Í^Tewton que nos revela la lei de la atracción universal, lei 
de amor de los mundos, concierto musical de Pitágoras : 
Newton que abarca todas las ciencias, como su rival Leibnitz, 
tan religioso, genios universales : NeAvton al preparar sus 
graves estudios, invoca reverente el santo nombro de Dios, 
inclinada Inicia la tierra aquella luminosa cabeza, solio de tan 
grande espíritu. 

Al arrancar el rayo del seno de la nube y traerlo á sus 
manos, y como á indómito corcel embridarlo con bridas de 
seda, Franklin, el sabio y virtuoso Franklin, proriimpe en lá- 
grimas de ])iedad, cae de rodillas y alaba y bendice á Dios. 
Y así prorumpen en lágrimas de ])iedad, caen de 'rodillas y 
alaban y bendicen á Dios, Colon al descubrir las ])layas del 
ííueT© Mundo, Vasco Kúñez de Balboa al dciscubrir el Océano 
Pacífico. Y Edisson, el joven Edisson, ya encanecido por el 
fuego abrasador de la ciencia abstrusa, á nadie revelada ; 
Colon de nuevos mundos, diseminados en la inmensidad del 
misterio; Edisson es el prodigio de nuestra edad. Es tan 
poderosa la luz de su espíritu, que penetra y aclara los más 
profundos misterios. En tiempos de ignorancia, por liecliicería 
le hubieran condenado á la hoguera, por el crimen de ver 
más claro que nosotros á Dios. Y no le hiere de soberbia 
satánica la milagrosa luz de su espíritu : bien sabe que ante la 
luz divina es niebla caliginosa la luz de su alma. 

Y fueron religiosos también Carlos V y Washington y 

Napoleón y Bolívar y es religioso todo el que siente 

algo en su corazón y algo en su cabeza. Los espíritus fuer- 
tes son unos baladrones desgraciados que el furor de las pasio- 
nes enloquece. Cuando en el silencio de la noche y en la 
soledad dialogan con su conciencia, se espantan de aquel terrible 
puede ser de más allá de la tumba que condensaba tantos 
terrores sobre la frente sombría de Hamlet. No existe el ver- 
dadero ateo. Se levantarían á confundirle todas las voces del 
universo: desde el susurro del arroyo hasta el bramido del mar: 
desde la naturaleza muda hasta la naturaleza elocuente : desde 
el gentil hasta el cristiano : desde el acento rispido del calmuco 
hasta el acento eufónico dííl español. El genio humano es de 



origen divino, j>or eso es portentoso, por eso es crejente. 

Cuanto más profundo, más clara su mirada, más viva 
su comprensión. El sabio Zeucchi nos da el telescopio, «lue 
escudriña con descaro Iíis profundidades del cielo para trazarnos 
la figura e]í[)tica de los astros, medir su nuignitud, calcular 
la fuerza de sus r('cíj)rocas atracciones, ese idilio de amor del 
universo; pero cuja potencia visiva, cuyo poder amplificante, 
no pasará jamas de la portada de esa obra de páginas infinitas : 
no traerá jamas á su jurisdicción los soles infinitamente lejanos. 
Más allá alcanza (í1 telescopio de su santa fe. 

Y el mici'oscopio de Wollaston no tendrá jamas bastante 
potencia visiva, bastante poder amplificante, para traer á su 
jurisdicción tantos mundos, habitados por seres infinitamente 
pequeños. ¡Cuántas vec(ís nuestro ilustre Fermin Toro fatigó 
con el microscopio su anliolantíí pupila en el estudio de los 
infusorios, (jue j>(>r el complicado aparato de la vida revelan 
en el autor de la naturaleza tanto saber, tanto poderío, tanta 
perfiíccion ! l^esnuda ó auxiliada, hai un termino para 
nuestra vista, como bai un téi-mino [lara las potencias del 
alma, sepultada en la cárcel del cuerpo. ¡Viajeros de la 
tierra, nuestro viaje jjrincipia a(}uí : Dios sabe dónde acabará! 
El hombre marcha pero J)ios le guia ; y marcha circundado 
i\v misterios. Yo siento que lo misterioso me atrae y todo 
me abismo en el misterio. Yo veo á Dios cuando abro mis 
ojos ; pero cuando los cierro le ve mc>jor mi espíritu consciente. 
Cuando oigo este aforismo vulgar "no hai nada nuevo bajo el 
«ol,^' lo rechazo con todas las fuerzas de mi alma. Nuestra 
jornada desd(í la cuna al sepulcro es toda misterio : todo es 
nuevo en nuestro camino. Creemos que el sol sale y se pone 
hoi como en tien)[)o de nuestros padres ; que no hai nada 
nuevo en este milagro de todos los dias ; y es un misterio 
cada salida y cada puesta del sol. No faltará materia á la 
creciente actividad de nu(;stro espíritu por mas que se prolon- 
guen las generaciones. ¿En qué archivo de la historia está 
registrado el fonógrafo de Edisson ? ¿Qué tradición, qué anales 
nos anuncian el teléfono de este taumaturgo contemporáneo 1 
Y el mundo apenas conoce la inicial del alfabeto de los mis- 
terios, cuyas letras no caben en nuestra numeración ; y es 
el misterio espuela á la inteligencia humana. ¿No es nuevOi 



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guardar en el fonógraíb, como en urna de santos afectos, la voz 
querida de nuestros padres que descansan en el seno de Dios, 
para tener el gozo inefable de oírla á nuestra voluntad ? 
¿No es nuevo que la desgraciada Emperatriz Eugenia haya 
podido escuchar desde las orillas del Támesis, gracias al 
teléfono, la desgarradora agonía del príncipe imperial, nobilí- 
simo pedazo de su corazón, atravesado por las azagayas de 
los Zulús bajo el cielo inclemente de África '? 

Cuanto más ahondamos la ciencia, más claridad en el 
espíritu. La mucha ciencia nos acerca á Dios, nos hace pe- 
netrar en sus misterios, comprender las leyes de sus obras y 
adorarle en sus maravillas. La mucha ciencia es llama sin 
humo, como la poca ciencia es humo sin llama. La poca 
ciencia nos aleja de Dios, porque nos engríe y nos ofusca. 
1^0 queremos adorarle porque no somos capaces ni de sentirle 
ni de comprenderle. Las almas sencillas le sienten y le adoran. 
Los genios inmortales le miran, y deslumhrados al mirarle, se 
prosternan y le adoran. Los semisabios son petulantes. Es 
trémulo su paso y se creen capaces de escalar los cielos. 
No saben por qué ve su pupila : son ellos mismos su propio 
misterio; y quieren explicarnos á su manera la naturaleza del 
sol, leer de corrido todas las páginas del firmamento ; y en 
su ceguedad insensata quieren penetrar hasta los misterios de 
ultratumba. 

¡ Misterios ! Esperanzas de la muerte los llama Sófocles. 

Yo tengo mis horas no sé si de delirio ó de claravi- 
dencia; no sé si de fiebre ó de iluminación. Pero yo veo 
á veces delineados ante mis ojos acontecimientos que duermen 
informes en las profundas entrañas de los siglos venideros. 
En los arrebatos de mi espíritu, en la exaltación de mi alma, 
en mi fuerza intuitiva que no es soberbia, que es adoración á 
Dios, veo, como el sol que ha de alumbrarme mañana, por 
gracia divina; veo, en la creciente actividad del espíritu humano, 
y como revelación de la Providencia, veo resuelto el proble- 
ma pavoroso de la vida futura, como estímulo á la perfec- 
ción del hombre sobre la tierra. Por eso la tumba no 
tiene terrores para mi alma. Por eso siento el deseo pun- 
zador de lanzarme á los horizontes infinitos. Por eso veo en 



^8 



el ángel de la muerte al Ángel Libertador de este cautiverio 
del mundo. Después de la noche de la tumba, la nueva 
aurora de la nueva vida en más amplio escenario de claridades 
eternas. Para entrar serenos en la vida futura sin la pesa- 
dumbre abrumadora del remordimiento, salgamos de la vida 
presente, no detestados, bendecidos. Amar es subir, odiar 
es bajar. El amor es la Ley de la gravitación universal de 
las almas que aspiran á Dios como al centro del amor 
infinito. 

Si tenemos la desgracia de perder á Dios en nuestro 
camino, no le busquemos en las grandes ciudades, donde la 
embriaguez de los negocios turba, donde el sensualismo enloquece. 
Busquémosle en la inmensidad de los mares, cuando el huracán 
se desata terrible : en la inmensidad del desierto, cuando la 
noche se sonrie estrellada j ó en el misterio de la tumba que 
guarda pedazos de nuestro corazón. El dolor abre de par en píir 
las puertas del cielo para ver á Dios. 

Era yo un niño, iba para la Habana, y en este mar traidor 
de las Antillas, al clarear la aurora, nos sorprende la tempestad. 
Y aquel hervir del océano, aquel serpear del rayo, aquel choque 
espantoso de los elementos, quebrantan toda arrogancia, abaten 
toda altanería y se desvanece como el humo la soberbia humana. 
Allí está Dios visible en la tempestad de los mares. ¡Qué 
pequeños me parecéis allí vosotros, Alejandro, Aníbal, César : 
Almanzor, Carlos Y, Napoleón, primeros actores en este teatro del 
mundo! ¡Qué pequeño es allí el hombre! En aquella hora 
solemne, en aquella borrasca sublime, en aquel terror desor- 
denado, lloraba el capitán como un niño -, y aquella piadosa 
tripulación, agotados los recursos de la náutica ; aquella tripu- 
lación atezada por el sol de los trópicos, endurecida en la 
luchas con los huracanes, avezada á los peligros ; aquella 
tripulación se prosterna para hnplorar misericordia por la poderosa 
intercesión de la Estrella de los mares, Nuestra Señora de Co- 
vadonga. 

Covadonga ! De allí vienen nuestros padres. Allí meció 
Pelayo en la cuna la gloriosa monarquía que después de batallar 
ocho siglos por no ser musulmana y hasta rescatar palmo á palmo 
el sagrado suelo de la patria, tiene aún vida y alma para dar 
vida y alma á un Nuevo Mundo. 



— 1) -^ 

Surquemos otro océano, el Desierto íh Siiluira, el mayor 
desierto del mundo. 

" Es digno de ver á esas tribus que después de atravesar 
el desierto, después de recorrer las ciudades meridionales del 
imperio marroquí, llegan á sus oasis al caer la tarde, á la hora en 
que el sol se hunde en el fondo del horizonte y se levanta 
por el oriente la luna, como una hostia consagrada. Es 
para los árabes del desierto la hora de la oración y del amor. 
Todos se quitan las babuchas, todos se fostran inclinados 
hacia el oriente, todos adoran á Dios por medio de diversos 
rezos y de repetidas genuflexiones. Después comen los dulces 
y ardientes dátiles que les brindan los espaciosos palmares: y 
luego, sentados en torno de sus tiendas, se entregan á cantar 
sus recuerdos y el amor de sus aduares. Así es que en el 
silencio majestuoso del desierto y en la noche callada, se suele 
oir á lo lejos, en tanto que el león ruge, una de aquellas 
cantilenas malancólicas y acompasadas que nos recuerdan 
los cantares de nuestras playas andaluzas. Todo tiene allí 
una tristeza infinita ; y es que la fe, la poesía y el amor se 
confunden en la suprema calma de aquella naturaleza mis- 
teriosa, " para expresar los sentimientos más recónditos del 
espíritu, que poco satisfecho de las glorias del mundo, se 
abisma en las glorias del cielo. Allí está Dios, visible en la 
calma del desierto. 

Ahora, no ver á Dios en presencia del sepulcro de nuestros 
padres, en presencia del sepulcro que guarda pedazos de nuestro 
corazón, es renegar de nuestra naturaleza. 

La virtud es el camino para llegar al amor, espíritu 
armónico del universo, y la palestra de la ' virtud recibe el 
bautismo en el hogar y la confirmación en las escuelas. 

Tengo creencias que parecerán extrañas. Creo que nuestros 
descendientes tienen que expiar nuestras culpas cuando no nos 
alcanza la vida para expiarlas nosotros. La vida de familia es 
solidaria, citratumba y ultratumba. Por eso los padres deben 
ser buenos por amor á sus hijos, y los hijos deben ser buenos 
por amor á sus padres. Consuélenos saber que toda pena es 
merecida ó es meritoria : si merecida, pagamos nuestras deudas: 
si meritoria,, pagamos las deudas de los seres que nos son 



— ÍO 



queridos, seguii la jerarquía de nuestro afecto. Consuélenos 
saber que la verdadera grandeza humana se nutre á los pechos 
de fi abnegación, y sube y sube hasta el cielo por las gradas 
del sacrificio. Por eso hacer el mal, arguye ignorancia é 
impotencia. Por eso hacer el bien, arguye sabiduría y poder. 
Por eso no hai grandeza como la grandeza cristiana, porque 
no hai abnegación como su abnegación, ni caridad como su 
caridad. Por eso no hai héroes como los santos héroes del 
cristianismo. • 

^0 son menos admirables nuestras heroínas cristianas. 

Es 1879. La peste negra devora á Rusia. ^' Saludemos 
al heroico Dr. Jusefowitsch y al profesor Jacoby, que al frente 
de un tren de la Cruz Roja, asistido por treinta herma- 
ÑAS DE LA CARIDAD y cinco estudiantes, han pasado el cordón 
sanitario de Astrakan, en dirección á Weltjanka, foco y centro 
de la peste negra. Para juzgar el heroísmo de los expedicio- 
narios, baste saber que no podrán salir de aquel círculo de 
hierro, bajo pena de muerte, hasta que no desaparezca (í1 
mal." 

¡ Milagros de la Cruz ! Ante esta sabiduría del corazón 
calle la sabiduría del entendimiento. Sin ese amor á la hu- 
manidad, cuyo gran modelo es Jesucristo, seria un páramo la 
tierra. Débiles mujeres, acaso criadas en el regalo, nacidas 
acaso en hogar opulento ; dechado quizás de hermosura, quizás 
dotadas de altas prendas para ser el encanto de la primera 
sociedad, renuncian á todos esos placeres, á todas esas glorias, 
por el pla(;er del sacrificio, por la gloria de los afanes, ante 
las aras de la caridad, como la enseñó y la practicó el Maestro 
divino. Se apartan de las delicias del mundo para darse al 
consuelo de los que lloran y al alivio de los que padecen. 
A la atmósfera perfumada de los salones, prefieren la atmósfera me- 
fítica de los hospitales. Prefieren vivir y morir oscuras entre 
las bendiciones de los que padecen, á vivir y morir afamadas 
entre las carcajadas de los que gozan. 

Progresar es salir de la sombra, en camino de la luz : 
es evitar el mal, en camino del bien : es ejercitar los sentidos 
para ampliar su jurisdicción : es fortalecer las potencias del 
alma para levantarlas al solio de la inteligencia, centro de la 



11-^ 



Terdacl, justicia teórica, porque la justicia es yerdad práctica ; 
ley de gravitación del mundo moral, que hará posible esta 
trilogía cristiana : libertad, ejercicio de todas nuestras fa- 
cultades en honra del bien : igualdad, gran talla á grandes 
obras : talla mínima á mínimos merecimientos : FRATERNIDAD, 
vínculo de amor que estrecha fácilmente corazones de igual virtud 
y almas de igual inteligencia. ISTo hagamos maridajes imposi- 
bles, consorcios nefandos, matrimonios sacrilegos. Para el mal 
no hay libertad. El que más hace, más merece ; y. seres 
antípodas no pueden ser iluminados por el mismo sol, ni vivir 
bajo el mismo cielo. 

El cristianismo no progresa, por más que lo afirme 
nuestro querido Castelar, encantador hasta en sus errores des- 
lumbrantes. En la región suprema de la verdad nació el cris- 
tianismo, incapaz por naturaleza de más ni de menos perfec- 
ción. Por eso su fisonomía no cambia, ni su palabra se altera, 
ni su espíritu se transforma : como cambiamos nosotros, como 
se alteran los pueblos, como se transforma la humanidad ; pero 
siempre inmutable el Modelo divino. Si le volvemos hoy 
ingratos la espalda y renegamos de nuestra estii'pey abofeteamos 
al Maestro, arrastrados por el ídolo de las pasiones del mundo 5 
cuando la embriaguez pase y pasa pronto j cuando nos curemos 
de la demencia, y pronto el dolor nos cura, y veamos en la cima 
de la montaña la cruz con los brazos abiertos para recibirnos, náu- 
fragos desesperados ; si algo de nuestra prosapia vive inerte en los 
abismos del corazón, iremos hacia la cruz, y prosternados contritos 
á sus pies, sereno el ánimo y tranquila la conciencia, continuaremos 
nuestra peregrinación redentora. Yo soy el camino, la vida y la 
verdad, dice el Salvador. 

El congreso libre y laico de educación, que abre por 
segunda vez sus sesiones en Paris, y cuya presidencia hono- 
raria fué dada á Víctor Hugo, gran demoledor moral de 
nuestro siglo, confiesa la necesidad de tratar como primer 
punto de sus discusiones, la educación moral. 

Víctor Hugo que no encuentra orden posible en lo po- 
lítico, no siendo él Emperador 5 ni en lo dogmático, no siendo 
él Pontífice j Víctor Hugo, eterno agitador de las muchedumbres 
inconscientes ; '' hace votos por el triunfo "de las ideas del 
2 



12 — 



congreso, que dice, son las suyas 5 porque crear al joven de 
hoy es crear al hombre de mañana ; porque ha pasado el 
tiempo de las sangrientas y terribles necesidades revolucio- 
narias "..Se engaña el escritor de ^' Los Miserables." Lámala 
semilla de los sembradores de engaños no llegó todavía á su 
pleno dasarrollo. El mal continúa. Morirá Victor Hugo bajo 
el orden que viene propagando. Esta triste generación es 
fatalmente heredera de la doctrina de Víctor Hugo. No hay 
para nuestro siglo reposo. Fermenta en sus entrañas la leva- 
dura de las sangrientas revoluciones. Se sembró mucho y hay 
mucho que cosechar, l^o fueron estériles los afanes de Víctor 
Hugo. Hasta donde se alzó su soberbia hasta allí se alzará 
el fruto de su soberbia. Oh ! no morirá en paz Víctor Hugo ; 
porque no ha pasado todavía el tiempo de las sangrientas y 

terribles necesidades revolucionarias Autor trágico, asista á 

sus tragedias y recoja el lauro de sus tragedias. 

Desea Víctor Hugo que el hombre avance sabiendo lo que 
quiere) j aunque yo deseo que avance el hombre sabiendo 
lo que dehej sé que Víctor Hugo verá por ahora su deseo 
cumplido, y yo veré por ahora frustrado mi deseo. A la de- 
sastrosa sabiduría de Victor Hugo, prefiero mi inocente igno- 
rancia. Doi todas sus ricas obras por nuestro pobre catecismo. 
Y yo le admiré en mis floridos años cuando era su musa 
la musa cristiana, que, bañadas en océanos de luz sus niveas alas, 
alas de querubín, vibraba en áurea lira sus notas arrobadoras. 
Entonces nos dio Víctor Hugo la oración por todos, que res- 
pira amor y piedad. Hoi, arcángel caido. Lucifer en rebelión, 
cruza las tinieblas, y al infausto estridor de sus negras alas 
levanta tempestades de odio y de exterminio en los pueblos. 
Hoi nos da '' los Miserables " y encona la envidia de los de abajo 
en lugar de enardecer la caridad de los de arriba. Dejó de 
ser poeta para ser tribuno, para ser demagogo. 'No es el 
Víctor Hugo que nos pinta, hace veinticinco años, con pincel 
divino, nuestro admirable Gastelar, que, si superior á Víctor 
Hugo, parece sentirse vertiginoso en las alturas de la inteligencia 
donde el alma serena de Bossuet y de Bálmes prorumpe en mi 
himno de adoración á Dios ; y en un grito colérico de desespe- 
ración satánica prorumpe el alma turbulenta de La Mennais y 



--13 - 

tle Víctor Hugo. ¡ Revivan en el honrado corazón de Oastelar 
las creencias salvadoras con que le arrulló su santa madre en 
la cuna ! 

Es necesario escudar á la juventud contra los maestros de 
la impiedad, enconados enemigos del Evangelio. 

Un reciente apologista de Víctor Hugo celebra que en el 
cielo de la Francia brille hoiel genio del demagogo francés 5 ya que 
descendieron á su ocaso el genio de Voltaire y el genio 'de 
Rousseau. Llama á nuestro siglo el siglo de Víctor Hugo ; 
siglo en el que "se goza del supremo bien de la libertad, del 

grandioso principio de la justicia siglo en el que, á la fe, 

hija del terror, sucede la duda, hija de la razón " 

¡ La fe, alma de los milagros ; la fe que da calor á la ciencia 
y exaltación al heroísmo y vida á la santidad, es hija del 
terror ! 

"Y es Víctor Hugo el Mesías de la suprema libertad, 

déla verdadera justicia, del perpetuo bien que nos dará 

el paraíso que SOÑÓ Jesús " 

¿ Qué mas puede envidiar para su eterna dicha y para su 
gloria perdurable este gran siglo, el mejor de los siglos, como 
lo llama un escritor visionario, excelente amigo mió? 

"Parece que Dios ha puesto en las manos de Víctor Hugo 
el pincel siniestro '' 

Sacrilego! Con mano convulsa y espíritu satánico arrebató 
el gran Maestro del siglo el pincel siniestro que ha de darnos la 
última pincelada de la suprema libertad, de la verdadera justicia, 

del perpetuo bien para que entremos en el paraíso que 

soñó Jesús / Bies irce, dies illa ! 

¡ Dignos son de eterna memoria los gobiernos que hacen inmor- 
tales á los pueblos ! Angustia y dolor es toda grandeza na- 
cional sin la savia , viviíicante de la moralidad pública que 
debe brotar de las regiones del poder y difundirse por todos los 
nervios sociales. El fausto que corroe y la molicie que enerva 
acaban con Atenas en el gobierno de Feríeles. El desenfre- 
no fija sus reales en Atenas. La virtud de Arístides no 
ilumina ya el cielo de la patria : ni ilustran ya la patria los héroes 
de Maratón, de Flatea y de Salamina. Bajo elegantes formas, 
" magníficos festines, prostituciones poéticas, grandezas del arte, 



U — 



que brotan como por oncanto, después de una noche de escan- 
dalosa oi-gía. . . .Aspasia, Frinea, Gnatena, cortesanas impúdicas, 
siempre con la copa en la mano y el deleite en los labios, 
brindan el amor y la embriaguez de un modo puramente 
artístico. Feríeles aspira en estas reuniones la idea que crea y 
la. idea que mata. Por amor á las artes, descuida el gobier- 
no : viola las leyes por el placer sensual : levanta monumentos 
artísticos sobre las ruinas de los monumentos morales de Solón : 
amortigua el valor, mata el entusiasmo con extravagancias cínicas : 
devora la vida de Atenas, para que Atenas incline dócil la 
cerviz al yugo extraño y doble fácil la rodilla ante sus con- 
quistadores. Esta fué la obra de Feríeles, " del GRAN PE- 
RICLES. Si queréis humillar á una nación, para entregarla á 
la más repugnante servidumbre, arrancadle primero la vergüen- 
za que es su alma, y ya es fácil el camino. For eso, antes 
que la ignominia extranjera y antes que el látigo extranjero, 
siente Atenas sobre sus espaldas la ignominia de Cleon, el 
látigo de Cleon, digno sucesor del GRAN PERICLES, tan fu- 
nesto para su patria. 

Antes que la química industrial, la química moral para 
proceder con método. Antes de explotar la tierra, formar al 
hombre su explotador: primero, educar su corazón para que 
sienta bienj y segundo, instruir su alma para que piense mejor : 
primero Kipalda que Lavoisier. El orden que es justicia, amor 
al prójimo, respeto á los padres, obediencia á los superiores, 
higiene del cuerpo é higiene del alma, nos lo enseña nuestro 
Catecismo. Kipalda nos emancipa de la servidumbre de las 
pasiones y dignifica nuestra naturaleza en gracia de su química 
moral. 

Lavoisier, que estudia las leyes arcanas de la naturaleza 
física, que da alma á la química industrial, que pone en 
nuestras manos el cetro de las fuerzas mecánicas, quiere 
emanciparnos de la tiranía de la materia ; y para adelantar nues- 
tra emancipación, trasmitiéndonos la prodigiosa luz de su inteli- 
gencia, condenado á muerte, pide unos dias de gracia al 
Tribunal revolucionario de Francia, que funda en la guillotina 
la libertad de los pueblos, y el Tribunal revolucionario le niega 
los dias de gracia y apaga aquella luz divina que anticipaba 



15 



nuestra emancipación, dilatando los lindes de nuestro imperio. 
Arquímedes, sacrificado por los soldados de Marcelo, nos priva 
de la luz de su alma ; y Lavoisier, sacrificado por las furias 
de la revolución francesa, nos priva de la luz de su espíritu. 
Dos libertadores de los pueblos, en nombre de un Dios de 
misericordia y de justicia, sacrificados por un poder de incle- 
mencia y de iniquidad, en nombre de la libertad de los pueblos. 
La ciencia es expansi^^a : la tiranía es represora : la ciencia es 
vida : la tiranía es muerte. 

Si es un prodigio la inteligencia humana, la energía hu- 
mana es un prodigio. El mundo va revelando al hombre 
todos sus misterios. El paso del noroeste, franqueado por el Dr. 
sueco Nordenskiold, ensancha los estudios geográficos y resuelve 
(ú problema de tres siglos de perseverancia afanosa y de sa- 
crificios cruentos. El impulso explorador no se detiene. Llega 
ahora su turno á las regiones australes ; y la mano del hom- 
bre herirá con su cetro, en señal de soberanía, así las regio- 
nes árticas como las regiones antarticas de la tierra. 

Como primogénitos de Dios tenemos en mayorazgo esta 
heredad del mundo que es justicia cultivar desde las regiones 
del polo bástalas regiones ecuatoriales, nuestra legítima soberanía. 
Bueno es que el hombre emplee sus fuerzas físicas y sus aptitudes 
mentales en domar la tierra, como dictador de las fuerzas 
mecánicas de la naturaleza. Bueno es que perfore montañas, 
rompa istmos, abra túneles hasta bajo el lecho del mar, para 
unir por ferrocarril á Liglaterra y Francia, proyecto del 
ilustre Chevalier : hasta bajo el lecho de los torrentes para 
tender el ferrocarril de Ponteva entre Austria é Italia, abierto 
al servicio público desde Octubre de 1879. Bueno es que 
penetre en las entrañas de la tierra y arranque á la madre 
naturaleza sus tesoros : que aeronauta atrevido surque la atmós- 
fera y fije rumbo á la navegación aérea. Bueno es que eduque 
la electricidad y pretenda con Edisson hasta a^prisionar la luz 
del sol. Bueno es que, firme en sus estados de la tierra y en 
plena soberanía, combine de varia manera los elementos 
naturales para presentar en los certámenes de la industria los 
prodigios del arte y de la ciencia. Bueno es que ensanche y 
mejore sus dominios para hacer la vida cómoda pero honesta ; 



— 16 — 

sin consumir en fausto corruptor ni en molicie enervante el 
porvenir de su posteridad. Bueno es que los talleres estén 
llenos los seis dias de la semana; pero, pero no es malo que 
las iglesias estén llenas el domingo : después de seis dias de 
trabajo un día de oración. 

Yo sé que la industria es la tirana del siglo; pero, pero yo 
sé también que todas las tiranías son desastrosas y excomulgadas 
por la conciencia pública. 

Cuando Voltaire pedia para los pueblos aguijón y coyunda 
por creerlos indignos del honor de la enseñanza ; cuando aquel 
falso patriarca de la libertad incensaba de rodillas á los tiranos 
y llamaba á la Mesalina del Korte su ^anta Catalina 5 y 
quería para las lúbricas sienes de aquella Loba la corona del 
mundo, y para aquellas manos parricidas el cetro de los pue- 
blos ; cuando Lord Chattham, el gran Lord Chattliam condenaba 
en el Parlamento inglés con tono soberbio y vibrante acentuación 
todo desarrollo industrial en las colonias británicas de Norte 
América 5 entonces, entonces escribía el ilustre Conde de Cam- 
pománes para los pueblos españoles de ambos mundos, su 
admirable "Discurso sobre la industria popular ;" y su no menos 
admirable "Discurso sobre la educación popular de los artesanos f 
y establecía en los dominios de España sociedades económicas 
de amigos del país. Quería el sabio consejero de Carlos III 
redimir del cautiverio de la ignorancia á los pueblos por 
medio de la instrucción y rescatarlos de la servidumbre de la 
miseria por medio del trabajo : quería propagar y mejorar la 
educación de los pueblos : dignificar á los pueblos para hacerlos 
libres : sin virtud no bay libertad : sin libertad no hay patria. 
Yale más caer en el seno de la muerte que en las garras 
de un tirano : caer como cayeron Daoiz y Velarde, héroes már- 
tires españoles, sirviéndoles de sudario la bandera de la 
patria. 

A fines del siglo diez y ocho no tienen los Estados Unidos, 
dice Humboldt, estableciujientos científicos ni tan grandes ni 
tan sólidos como hi capital de Nueva España. Mngun go- 
bierno europeo ha invertido sumas más considerables que el 
gobierno español en el estudio de la botánica. Las ciencias 
jiaturales han hecho grandes progresos en todas las colonias 



-- 17 — 

españolas. Admira ver en las aulas fraternizar al indio y al 
español : al hijo del pobre artesano j al hijo del opuk^Jito título 
de Castilla. Así habla de España el ilustre viajero. 

Carlos Linneo, príncipe de los botánicos, envia á Espa- 
ña al más insigne de sus discípulos, á Loeffing, para que 
se incorpore á la expedición científica que mi patria destina 
al Nuevo Mundo. Muere Loeffing en 175G, á los dos años 
de su llegada á Cumaná. Sucédele (íomo Jefe de la expedición 
científica, el sabio gaditano Mutis, tan venerado en íí'ueva 
Granada, doinle muere después de 48 años de consagración 
á propagar por la América española sus variados conocimien- 
tos en las ciencias naturales y exactas. ^' La Flora de Nue- 
va Granada, de Mutis : La Flora Cubana de Boldó : La 
Flora cumanense : La Flora peruana : La Flora chilena : La 
Flora mejicana y otros muchos trabajos de tanto pre- 
cio en el examen délas maravillas del Nuevo W\\m\o^ acreditan 
que fué un país, eminentemente civilizado, el que tuvo la 
fortuna de seguir con su poder las huellas del intrépido na- 
vegante y de los audaces conquistadores " 

Hermosear esta morada del mundo es adorar á JJios, es 
la santidad del trabajo. Pedro el Grande funda sobre un 
desierto pantanoso la hoi majestuosa ciudad de San Petersburgo. 
La Holanda se defiende en obstinada guerra civil, con admi- 
rable heroicidad, de la furia consquistadora del mar del norte, 
tumba de tantas ciudades florecientes. La industriosa Cataluña 
convierte en tierras fértiles sus más abruptos peñascales. Aquí 
á nuestras puertas los americanos improvisan ciudades : son 
los primeros en aplicar la luz eléctrica al servicio público: 
acercan, gracias al ferrocarril, el Atlántico y el Pacífico, po- 
niendo á Nueva York á seis jornadas de San Francisco de 
Califoj-nia ; y gracias al telégrafo submarino, invención del 
español Don Francisco Salva, ponen al habla las naciones de 
ambos Hemisferios. Más de tres años emplea en dar la vuelta 
al mundo el navegante español Sebastian Elcano : en menos 
de tres meses hacemos hoi la circunnavegación. Y antes de 
terminar el siglo, la nave española que zarpe de Palos, de 
donde zarpó Colon, rumbo á occidente, atravesará el para 
entonces canal de Panamá, pensamiento de Carlos Y, el hoy 



18 — 



ya canal de Suez, y surgirá en Palos cómodamente a los treinta 
dias de circunnavegación. Y la palabra humana, en alas del 
telégrafo, en un abrir y cerrar de ojos dará Ja vuelta al mundo. 
Con todo, antes que la química industrial la química 
moral. 

Respetemos nuestros estatutos escolares. No debe pasar 
de los veinte años la vida de colegio : hasta esa edad, los 
estudios preparatorios según las aptitudes naturales : después, 
cada cual á la seria ocupación de su vida : el artesano á su 
taller, el labrador á su campo, á su bufete el hombre de 
letras, el sacerdote á sus altares, y al Palacio de gobierno el 
ciudadano de altísimas condiciones para la Suprema Magistratura. 
Trastornar este orden tan natural, el más propio en una re- 
pública, es vivir en convulsiones. Cada ocupación pide índole 
especial y estudio especial. A nadie engaña la naturaleza : 
nosotros queremos engañarla y engañarnos en detrimento del 
orden público y en desacato á la lei de Dios. Una vida de 
trabajo honrado, desde los veinte hasta lo sesenta años, es la 
mejor carta de nobleza ; y en esas cartas de nobleza, en la 
virtud, fundaba Montesquieu la prosperidad de las repúblicas. 
Acumuladas así las fuerzas útiles, crece el capital nacional, 
que yo llamo la suma de las fuerzas vivas de la patria, que 
debe ser honra de todos, porque debe ser la obra de todos. 

La providencia fué pródiga con nosotros : hagámonos dignos 
de las dádivas providenciales. Somos los mimados de la Pro- 
videncia : por eso en medio de tantos beneficios el grito de 
discordia es ingratitud, la lucha fratricida es impiedad, la sangre 
derramada es abominación. Más que los ricos filones de oro 
de Guayana vale nuestra agricultura : todos podemos ser en 
Venezuela propietarios por nuestro propio trabajo : cuanto más 
agricultor, más libre el pueblo de Venezuela : funde Venezuela 
su soberanía en la explotación de sus riquezas naturales : el 
trabajo redime y ennoblece : pueblo trabajador no puede ser 
esclavo ni envilecido : sus dos industrias madres, la industria 
agrícola y la industria pecuaria : ahí el secreto de su grandeza, 
ahí su virtud, ahí su libertad. 

Hagamos solemne la semana escolar, la primera semana 
de Agosto, en cumplimiento de un deber : alentemos al cate- 



10 



drático y alentemos al alumno. ¡ Qné triste es consumir todo 
mi año de afán para exhibir en medio de una soledad abru- 
madora el fruto de tan penosas tareas ! Sin una mirada de 
benevolencia, sin una palabra de cariño, sin un signo de 
aprobación : ni la limosna del aplauso. Y todo, porque nos 
parecen frivolas las materias para nuestra gravedad pensadora. 
¡Y tan interesante que es la adolescencia y tan graciosa que 
es la infancia ! Y hasta debe encantarnos la balbucencia del 
niño que bien puede ser mañana un Baralt que nos narre en 
páginas elocuentes la historia de la República y anonade nues- 
tra gravedad pensadora. Que bien puede ser un Andrés Bello 
que nos cante en silvas admirables las maravillas de la Zona 
Tórrida. Un Olmedo que nos describa la batalla de Junin 
en acentos dignos de Quintana. Un Sucre, gloria excelsa de 
Colombia, Varón digno de Plutarco. Un Bolívar, capaz de 
fundir en una gran nacionalidad todas estas pequeñas naciona- 
lidades de Hispanoamérica, para hacer imposibles escándalos 
como el escándalo del Pacífico que presenta á tres pueblos 
hermanos ¡ por cuestión de límites ! devorándose en desastrosa 
guerra civil ; pueblos que deben palpitar con el mismo corazón 
y confundirse en el mismo pensamiento : Anfictiones del ií'uevo 
Mundo, más familia que nación. Acaso en uno de estos jóvenes 
está encarnado el espíritu del Libertador, á cuyo soplo divino 
puede tomar cuerpo y alma el Continente para formar la gran 
nacionalidad de los Estados Unidos de la América Espa- 
ñola. 

Por más que otros desesperen, yo no desespero del porvenir 
de estas Eepúblicas de tan buena índole heredada : ni para 
humillarlas por sus desastres presentes les doi en cara con la 
presente prosperidad de los Estados Unidos. 

UNA OJEADA. 

Fácil fué la colonización inglesa en el Norte de América 
por circunstancias que no debo enunciar ahora. No fué nada 
maternal con sus colonias la Gran Bretaña 5 y por medios 
naturales crecieron notablemente en menos de dos siglos ; y 
por caminos más crueles que las Colonias de España con- 
quistaron su soberanía ; y la prosperidad de los Estados Unidos 



— 20 — 



-^^-^/-.^.^. 



no me asombra : crecieron por medios naturales. El fanatismo 
religioso de Europa fomentó las Colonias inglesas : el fanatismo 
político de Europa fomentó los Estados Unidos. Anarquizada 
la Europa por la revolución francesa, extendido en grandes 
proporciones el malestar del Viejo Mundo, Europa fué tribu- 
taria de la prosperidad de los Estados Unidos. Europeos sus 
maestros, europeas sus industrias, europeos sus mectinicos, 
europeos sus artistas, euro))eos sus comerciantes : todo su mo- 
yimiento vital es europeo. 

En lo que va del siglo, la España peninsular duplica su 
población : no la duplica Francia : la duplica Eusia, la duplica 
la Gran Bretaña, la dodecuplican los Estados Unidos : esta 
densidad no es natural. Antes Europa, después Europa y 
Asia, alimentan la corriente de emigración Inicia los Estados 
Unidos. En sólo (d ({uinquenio de 1849 á 1854 salen de 
Europa para los Estados Unidos dos y medio niilloncís de 
emigrantes : casi ln> doble población de Venezuela. Hay en 
los Estados Unidos un atractivo poderoso para fijarse allí la 
inmigración : la ley de enajenación de los dominios federales 
hace fácil la propieiladj tan fácil ([ue ahora treinta años, en 
los estados del Oeste, podían comprarse por doscientos cincuenta 
bolívares, equivalentes á cincuenta duros, cuarenta acres de tierra. 
Desde la explotación de las minas de California, hace treinta años, 
el Celeste Imperio envia á millares sus hijos á los Estados Unidos. 
Ábrese el registro de inmigración en 1820 : calcúlase en mil millo- 
nes de duros el dinero aportado por los inmigrados. Con tan 
poderosos factores bien puede" crecer y prosperar un país sin ser 
sobrenatural su crecimiento ni sobrenatural su prosperidad. ¡ Y 
luego las anexiones ! ¡ Y luego las anexiones ! La Luisiana 
era francesa, la Florida era Española, Tejas era mejicano. 
¿ Hai en América otra república que haya sido favorecida por 
tales circunstancias como los Estados Unidos ? J^inguna. En- 
tonces no hay razón para deprimirnos tanto, ni para ensalzar 
tanto á los Estados Unidos. Entonces no hay justicia para 
detestar tanto la escuela española, ni para buscar en ella 
justificación á nuestras faltas. Con todos nuestros desastres y 
con todas nuestras locuras, el porvenir nos hará justicia. 
Hoy crece y prospera asombrosamente la Confederación Ar- 



— 21 — 

gentina, de niiestni ñimilia española, de nuestra escuela española, 
gracias á la corriente de emigración, acreditada y sostenida hacia 
las riberas del Eio de la Plata. 

En verdad, en verdad, nada nos aprovecha y nada nos 
honra pisar sobre minas de oro y de diamantes si estos tesoros 
yacen dormidos en las entrañas de la tierra, como en las pri- 
meras auroras del mundo : si la yíívn mágica del trabajo no 
los despierta á la vida. 

En verdad, im verdad, mncho nos daña y mucho nos 
deshonra pasear la tea incendiaria de la revuelta por sobre la 
faz dolorida de la patria y devorar en (d fuego de la discordia 
civil las riquezas de nuestros mayores. 

¡ j ¡ La conquista de América por los castellanos ! ! ! Pa- 
rece mitológica, dice un sabio francés : tan grandes son sus 
prodigios. Sin ejemplar en la historia, dice Prescott : tan 
asombrosas son sus hazañas. Pecan contra la verdad histórica 
los que acusan de crueles contra la raza indígena á los Des- 
cubridoi'es del j^uevo Mundo : la crueldad como excepción : 
la hidalguía como regla general. La raza indígena vive en 
su hogar, como en ñimilia, con la raza conquistadora, en 
los antiguos dominios de España. Ved si tiene igual fortuna 
en los antiguos dominios de Inglaterra,. Las leyes de Indias, 
alma de la Eeina más virtuosa de que tiene memoria el 
mundo, sobran como alto título para que cada región de Amé- 
rica levante una estatua á Isabel la Católica. La razíf indígena 
tiene más motivo de alabar que de maldecir á los conquista- 
dores. Posada Gutiérrez, procer fle Colombia y edecán de 
Bolívar, me lo enseña en sus ''Memorias." " Y mientras palpite 
en el fondo de la conciencia humana el sentimiento de justicia 
y haya virtud en la tierra, vivirá, reverenciada en las regiones 
del Kuevo Inundo, aquella generación de héroes y de mártires 
que abatió la idolatría y plantó sobre la cumbre de los Andes 
la cruz de Jerusalen. 

Yo no realzaré las virtudes de nuestra raza reagravando 
los vicios de ninguna : sería vil el propósito. La raza latina 
con todos sus defectos es la primera en el escenario de la 
historia, y espero en Dios que no doblará jamás la rodilla ante 
ninguna raza de la tierra. 






Por confesión de los extranjeros, LA CORTESÍA, EL VALOR, 
LA GENEROSIDAD, son rasgos característicos de nuestra familia 
española. 

Ayer no más cae, como caen los valientes, cae en Iquique n 
Arturo Prat, gloria de la escuadra chilena ; y el manto de 
la munificencia nacional del pueblo peruano cubre á los des- 
graciados de Iquique. 

Ayer no más cae, como caen los valientes, cae en Megi- 
llones Miguel Grau, gloria de la escuadra peruana ; y el manto 
de la munificencia nacional del pueblo chileno cubre á los 
desgraciados de Megillones. 

Ayer no más, en la noche aciaga del 14 al 15 de Octubre, la 
inundación envuelve en espantosa catástrofe á tres ricas provincias 
españolas d(í Levante ; y el grito de dolor lo repite dolorida toda 
España ; y la inmensa caridad de todas las clases sociales 
responde á la inmensa desventura : (;s duelo nacional. 

Por ser geniales estas condiciones á nuestros hermanos de 
Venezuela, son menos desastradas nuestras discordias civiles. 
I^Tuestro ardor en el combate es igual á nuestra magnanimidad 
en el triunfo. Por eso no puede ser ni materialista ni avara 
ni cruel nuestra familia española. Los que lo contrario afirmen, 
ó no la conocen ó la calumnian. 

Una expresión de gratitud al noble pueblo francés que en 
la catástrofe de las provincias españolas de Levante, como 
obedeciendo á un sentimiento de familia, confunde su inmensa 
caridad con la inmensa caridad del pueblo español. Pueblos 
que así sienten el mismo d»lor, están llamados á compartir la 
misma gloria y la uiisma desventura. Mejor que la política, 
mejor borra el afecto las fronteras internacionales. 

Nuestra generación es de lucha : hagamos que sea de 
reposo esta generación que sigue nuestros pasos.* Impidamos 
que nazca en estos jóvenes la vocación á la guerra, causa de 
nuestras desgracias : que escarmienten en nuestro infortunio: 
que aprendan el Catecismo de sus deberes : que graben en su 
memoria que Dios bendice el trabajo : que todo oficio es un 
tesoro : que merece anatema el holgazán ; y que el oficio de 
matar merece la execración de la historia. Yiva cada cual 
de sus propias fuerzas : á nadie es lícito ser dichoso al precio 



ele la desgracia ajena. En los colegios se aprenden estas lec- 
ciones rudimentales, pauta de la vida de familia y pauta de la 
yida nacional. 

¡ ¡ ¡ El comunismo ! ! ! El comunismo es la negación 
de toda lei divina y de toda lei humana : es la impiedad en 
su pavoroso desenfreno. La herencia de los mayores es herencia 
de su posteridad. El campo que roturan mis manos y riega 
el sudor de mi frente, es campo de mis hijos: no es campo 
de los holgazanes agavillados : ni en la mesa de ningún honesto 
hogar hay cubierto para el perezoso desalmado ni para los que, es- 
clavos de todos los vicios, quieren alzarse herederos del trabajo de 
todas las virtudes. Ni derecho á la caridad tiene la crhninosa in- 
dolencia. La vida es para ennoblecernos trabajando : para 
ilustrar la patria de nuestros mayores : para ser modelo á 
nuestros hijos : esa es nuestra libertad. 

Unos cuantos sembradores de mentiras, vuelta la espalda 
á la doctrina del Salvador, mantienen en eterna agitación, 
para explotarlas, á las clases menesterosas de ambos mundos. 
Unos cuantos sembradores de mentiras, los nihilistas por ejem- 
plo, mantienen lleno de espanto el corazón de Rusia. La 
prensa europea condenó enérgica y unánime el horrible atentado 
del 17 de Febrero en el Palacio imperial de San Petersburgo ; 
horrible atentado que arrancó á Lord Beaconsfield en el Parla- 
mento inglés esta enérgica confesión, humillante para nuestro 
siglo. El horrible atentado del 17 de Febrero en el Palacio 
imperial de Alejandro II, dice el Conde de Beaconsfield, es del 
número de esos atentados que nos hacen dudar de esta civi- 
lización de que estamos tan orgullosos. 

¡ Y es que cuando los pueblos no miran hacia arriba para 
elevar una plegaria, miran hacia abajo para lanzar una mal- 
dición ! Hagamos que los pueblos miren hacia arriba para elevar 
una plegaria. 

Vengamos á la enseñanza escolar, frivola para nuestros 
graves pensadores, tema de serios estudios para los que como 
yo piden á las escuelas los más firmes elementos sociales. 
Dadme la dirección de las escuelas y os formo los alumnos 
á mi imagen y semejanza. El director, antes que instrucción 
competente, debe tener vida ejemplar : la ciencia se enseña, 



— 24 



la virtud se inspira. Antes que doctos, liaí^amos buenos á los 
niños, y atráigalos el director por la benevolencia, no los 
aleje por el rigor. La bondad amansa hasta las fieras : el 
rigor enfurece basta las naturalezas más apacibles. Todos los 
directores debieran ser padres de familia, padres de familia 
ejemplares ; y la remuneración debiera corresponder á la impor- 
tancia del cargo, para que optasen á él las personas más 
distinguidas por su virtud y por su saber. El porvenir de la 
República está en las escuelas, cristianamente dirigidas : 
cristianamente dirigidas, como que es cristiana la Eepública. Para 
la enseñanza debe haber vocación. El magisterio es un sacerdocio 
que para ser digno ha de estar dotado cuando menos del don de 
piedad y del don de temor de Dios. 

Kada hai frivolo en la enseñanza escolar. Allí asistimos 
al desarrollo gradual del corazón y de la inteligencia ; y allí 
en los bancos podemos encontrar la clave de lo que será 
mañana cada niño en la economía social. Todo es allí reve- 
lación para un observador severo. 

Creemos que el arte de leer es propio sólo de la edad 
infantil y que deben desdeñarlo los doctores de la sabiduría. 
Error ! error ! No me daréis la buena oratoria sin la buena 
lectura. Si no sabéis leer vuestros discursos no os afanéis, 
no sabréis pronunciarlos. Si no sabe leer bien, no hay orador 
posible, aunque haya discursante ilustrado. Un buen lector atrae, 
impresiona, conmueve, domina. Un buen orador avigora esas 
facultades y avigora ese imperio. Si la palabra bien 1 eida 
atrae, la palabra bien pronunciada subyuga. Si la primera 
conmueve, la segunda electriza. Si el acento del lector nos 
encanta, el acento del orador nos estremece. La palabra pro- 
nunciada tiene mucho más alcance, mucho más vigor que 
la palabra leida. La lectura ha de ser clara, correcta, flexi- 
ble, eufónica, fraseada, natural, ENCANTADORA. La palabra 
pronunciada exige con mayor derecho esas condiciones, porque 
el orador es un soberano, y su palabra el cetro de esa sobe- 
ranía. 

Así vemos fastidiarnos el libro mejor pensado y mejor 
escrito, si se lee de una manera j y si se lee de otra manera, 
encantarnos. 



25 



Sube á la tribuna un orador de nombradla, y el religioso 
silencio del concurso nos testifica la religiosa atención. Sube 
un orador sin oratoria, y el murmullo descortés de la concu- 
rrencia os anuncia la dispersión paulatina ó tumultuaria. 

Nace el orador como nace el poeta. El quid divínum 
es un don del Espíritu Santo. 

Don Leopoldo Augusto de O neto de la Real Academia 
Española, tan elegante prosador como insigne poeta, afirma 
que la • señorita Doña Maria de la Concepción Gimeno, de 24 
años de edad, tan hermosa como instruida, lee con igual 
perfección que Alfonso XII y Ventura de la Vega, las dos 
PERSONAS que recuerda haber oido leer con mayor perfección 
en España. Permítome afirmar que Zorrilla y Grilo, exce- 
lentes poetas españoles, son también lectores excelentes. Leer 
bien en prosa es difícil ; pero es más difícil leer bien en verso. 
Apunten esta observación los que estiman frivola la lectura. 

íío es frivola la lectura : no es frivolo hablar y escribir 
correctamente la lengua maternal. Si uno de estos jóvenes 
habla el inglés y habla el francés ; si no sabe hablar el 
español, diré que su educación fué descuidada : sobre las lenguas 
extranjeras la lengua nacional. Yo quiero expresar bien en 
la lengua de mis padres mis dolores y mis alegrías. Buenos 
son los idiomas extranjeros, pero es mejor el idioma nacional. 

Nuestra hermosa lengua castellana es la primera lengua 
del mundo. Desde el siglo XVI España, entonces la nación 
más poderosa y la más ilustrada, dio al idioma nacional toda 
la pompa, toda la majestad que necesita un Gran Pueblo 
para expresar sus magnánimos sentimientos y sus admirables 
concepciones. Siempre es majestuosa la lengua del Pueblo 
que siente y piensa con majestad. En la grandeza de nues- 
tra lengua está reñejada la grandeza de nuestros mayores. 

La Real Academia Española, celosísima del tesoro con- 
fiado á su alta ilustración y á su claro patriotismo, creó Aca- 
demias correspondientes en las regiones del Kuevo Mundo, de 
familia española, para mantener en toda su pureza heredada, 
en todo su esplendor nativo, en su genial hermosura, la 
majestuosa lengua castellana 5 vínculo perdurable, así en la 
próspera como en la adversa fortuna, entre la Madre España 



y su posteridad de América. ¡ Loor eterno á la Eeal Acade- 
mia Española ! 

Dejad que los niños vengan á mi., decia el Salvador. 
Él Divino Maestro, absoluto en su enseñanza, como señor 
absoluto de la verdad, quiere que los niños se le acerquen 
para infundir en aquellos corazones sencillos algo de la inmensa 
ternura que rebosa en su corazón : para ilutninar la pupila 
de la infancia en el foco de su divina pupila : quiere hacer 
buena la infancia y buena la adolescencia para hacer buena la 
sociedad. Toma bajo su protección divina á la mujer, le 
levanta en el hogar un trono y salva así el porvenir del 
mundo. Los socialistas, que quieren el mundo á su manera, 
se proponen destronar á la mujer, lanzarla á la plaza pública, 
emanciparla : entregarla por breves dias á la ñebre de la locura: 
abrumarla más tarde con el más fiero desden : verla más tarde, 
serenos, impasibles, emancipada de todo pudor, con el hastío 
en el alma, despreciada de sí misma, que es el desprecio 
que enloquece, retorcerse como una furia en el infierno de todos 
los dolores. ¡Libre Diosa Venezuela de tales emancipadores y 
de tales emancipadas ! 

Para impedir que esta barbarie de la civilización, que este 
desastroso socialismo profane el suelo de la patria, ahí están los 
soldados del Evangelio, disciplinados en nuestros planteles de 
enseñanza pública. Aquí está en este ^'Colegio de Santa 
María" el adolescente abanderado, dando noble ejemplo á sus 
dignos condiscípulos. Ved sobre su pecho la medalla de 
honor acordada á la virtud. Vedle atraer todas las miradas, 
merecer todos los elogios, despertar en todo corazón honrado el 
firme propósito de seguir su ejemplo. No es temible la batalla 
del error contra la verdad, ni el triunío de la verdad es un problema, 
cuando la noble causa la defiende la juventud que ama por 
instinto el bien, que lo persigue con entusiasmo, que vive 
A enamorada de semejante hermosura, reflejada con todos sus encan- 
^ 'tos poderosos sobre el limpio cristal de la conciencia. ¡ Gloria al 
joven abanderado ! ¡ Gloria á sus maestros esclarecidos ! 
¡Parabienes á la patria! Nuevo timbre á los soldados del 
Evangelio, á la sombra de cuyo estandarte nos arrulló nuestra 
madre en la cuna ! 



^m 



Yoi á terminar. 

Los exámenes deben ser solemnes : los hace solemnes el 
concurso de las personas más respetables. Allí debe estar una 
diputación del Concejo Municipal : una diputación de nuestras 
sociedades de Beneficencia. Trátase nada menos que de compu- 
tar qué suma y qué calidad de fuerzas promete la nueva gene- 
ración al porvenir de la patria. Nuestros hijos tienen que 
valer más que nosotros para que avance la Eepública. 
Allí deben estar los padres de familia : allí todo ciudadano 
que estime en algo el buen nombre de Venezuela. Y allí, 
como corona de tanta solemnidad, allí debe estar la mujer, 
que por más que la depriman los corazones viciados y por 
más que la escarnezcan las almas espurias, será siempre 
el encanto de la sociedad : ángel custodio del hogar en su 
carácter de madre de familia. Que goce en nuestros triunfos 
como padece en nuestras derrotas : que asista ó las angustias 
del combate escolar como hoi asiste al júbilo de la victoria. 
Cuando la abnegación huya del mundo, perseguida por el 
egoísmo, se refugiará en el corazón de la mujer que es madre. 
Vedla cómo estrecha en sus brazos y colma de besos, 
arrasada en lágrimas de alegría, al hijo de su casto amor, 
á su entrada en el mundo. Vedla cómo le nutre el calor de 
sus entrañas. Vedla cómo ensaya su lengua en el texto 
de la oración. Vedla cómo comparte encantada sus juegos 
infantiles. Vedla cómo le recibe amorosa en sus brazos al 
llegar de la escuela y embota en el escudo de su amor la 
severidad paterna y la severidad escolar. La madre quiere 
como el ruiseñor canta, como el ángel adora : esa es su natu- 
raleza. No le pidáis rigor para su hijo : primero se arranca 
las entrañas. Y vedla, al enfermarse el hijo de su amor, cómo 
vela angustiada á su cabecera 5 y lo que la ciencia no alcanza 
lo alcanza la intuición de su cariño, el microscopio de su alma : ^ 
alcanza á ver los estragos de la enfermedad, ocultos á la ciencia /f^ 
misma. Vedla cómo siente al ángel de la muerte batir sus 
alas sobre aquel lecho querido: vedla cómo le disputa la 
victoria. Y vedla en un arranque de suprema heroicidad, 
mártir del amor materno, sobreviviendo á las agonías de su 
hijo las agonías de su almaj vedla cómo quiere transfundíanle. 
3 



28 — 

-^■.^•^^^■^^, 

todo el calor de su corazón, estrechándole en sus brazos, 
desesperada, convulsa, anegada en lágrimas de dolor, sangre del 
alma, al cen-arle los ojos para despedirle al cielo. 



Caracas Agosto 9 de 1880. 
Señor Evaristo Fomhona. 
Muí distinguido amigo ! 

Ya que públicamente me lia atribuido U. ideas que ni 
profeso ni he expuesto, séame permitido defenderme también 
públicamente. — Así compareceremos • U. y yo ante el augusto 
tribunal de la opinión pública, que nunca falla sino inspirado 
por la verdad. 

Designado U. por los Directores del acreditado Colegio 
DE Santa María para pronunciar el discurso de orden en 
la fiesta literaria con que celebró aquel Instituto la postrera 
distribución de premios entre sus alumnos, y aludiendo, sin 
duda, al acto análogo del anterior año en que me tocó igual 
honra, dijo U. que se habia deprimido la raza latina, ( que es 
mi raza ) injuriado á España, ( que es la madre de algunos 
de mis abuelos ) y proclamado la ventaja de los intereses ma- 
teriales, vida de las industrias, sobre los morales, que eman- 
cipan el alma. 

Acusado en una ocasión el gran orador de la Gironda 
de mantener correspondencia escrita con los enemigos de la 
Kepública, limitó su defensa á decir con la indolencia que le 
era característica ; Yo no escribo nunca : y ¡ por Dios ! que 
me he visto tentado en este caso á decir á mi vez refirién- 
dome á las referencias de U : yo no he dicho eso. 

Pero yo no tengo la doble autoridad que daban á Yergniaud 
1 a dictadura de la opinión y la excelencia del ingenio, y por 
fuerza debo ampliar mi defensa. 

La naturaleza ha puesto enemistades entre todo lo arti- 
ficial y mi pobre individuo. Creo, como católico, que Dios 



29 



ha hecho el mundo con peso y medida^ y por ende, que 
todos los intereses legítimos son armónicos como que se ge- 
neran y se mueven en el círculo de una libertad racional. 
Mi divisa es LIBERTAD Y ORDEN. 

Eefiriéndome al legislador de Pensilvania, como hubiera 
podido hacerlo al filántropo Las Casas, dije en mi aludido 
discurso al parangonar la acción colonizadora del primero con 
la de Hernán Cortés y con la de Pizarro, que mientras que 
estos, representantes del principio de asociación lo devastaban todo, 
sin dejar siquiera vestigios de los elementos que constituían 
la manera de ser de los pueblos que se les opusieran, y toma- 
ban posesión de la tierra en nombre de la fuerza y por 
autoridad de la espada ; Penn, representante del principio in- 
dividual, respetando la dignidad humana, hacia consistir su 
posesión de la tierra en convenciones que se derivaban del 
derecho. 

He aquí la diferencia que me complací en establecer entre 
la colonización oficial de nuestro continente, realizada de un 
modo colectivo sin otro móvil que el hallazgo de fabulosas 
riquezas, y la acción privada de los individuos que, expulsa- 
dos del mundo europeo por el fanatismo religioso, buscaban 
tierra para colocar la piedra de su hogar y la piedra de sus 
aras. Penn de un lado y Hernán Cortés y Pizarro de otro 
representan para mí, respectivamente, la raza sajona y la la- 
tina : — aquella con todo el idealismo de su conciencia indepen- 
diente, pero respetuosa á la par por la conciencia ajena ; — ésta 
con su genio absorbente, que reclama el ejercicio absoluto del 
imperio en nombre de su voluntad soberana, y que no puede 
coexistir en ninguna otra. La primera, en mi humilde sentir, 
preparó un pueblo que ha pasado por todas las transforma- 
ciones políticas del modo menos cruento : la segunda creó or- 
ganizaciones tan forzadas, que hubieron de disolverse en 
medio del tétanos moral de pueblos inconscientes y entre 
conñictos de crimen y barbarie. 

í^o creo que al formular tal juicio haya deprimido mi 
raza y por consiguiente deprimídome á mí mismo; sino con- 
fesado un fenómeno constante en la historia, cuyas consecuen- 
cias son incontrovertibles á la luz de la sana filosofía. 



Admiro los héroes épicos, pero su obligado cortejo de 
tíctimas me conturba y me espanta 5 por eso me parece 
más grandíí para la humanidad Penn que Hernán Cortés, 
como me parecen más grandes Washington y Franklin que 
todos los conquistadores del Universo. Lo que va del 
legislador al conquistador, del filósofo al guerrero, de la 
palabra que persuade á la espada que mata j eso ya de la obra 
de la colonización privada á la colonización oficial. 

Por lo demás seria necesario cerrar los ojos á la luz 
para no admirar la raza que dio al mundo aquel estupendo 
edificio del poder romano, sometiendo á su imperio todas las 
gentes desde el Ehin y el Danubio hasta el Atlas, y desde 
el Eufrates hasta los mares de España y de las Gallas, y 
que ubicó, puede decirse, en el territorio romano todos los 
caminos del Universo: aquella raza que hizo de Italia la 
patria de las artes y las ciencias : aquella raza que tiene altas 
ejecutorias en los gloriosos archivos españoles : aquella raza 
que tenia la razón de ser de sus condiciones, en la época 
que entonces alcanzaba la civilización ; pero que al fin de su 
jornada se encontró conque el Universo que aprisionaba entre 
sus brazos no era sino un cadáver. 

Carlos Y en España y Napoleón el Grande en Francia 
han personificado sus destinos; el primero muriendo de pesar 
ante la inmensa esterilidad de sus conquistas, el segundo ca- 
yendo vencido por la autonomía de los pueblos. 

Si al hablar de las razas que tomaron parte en la coloni- 
zación de América no hice sino ceñirme á la verdad histó- 
rica, no procedí de diferente modo cuando me referí á las 
colonias españolas. Dije . que el éxito definitivo y glorioso de 
la guerra magna de nuestra independencia debióse exclusi- 
vamente al poderoso genio del Gran Bolívar secundado por 
sus extraordinarios tenientes, ya que la conciencia pública no 
podia existir en multitudes anónimas avezadas á un despo- 
tismo seciüar. Y complementé esta apreciación, severamente 
histórica, añadiendo : 

^' Lejos de ser estas apreciaciones un cargo contra los 
padres y fundadores de la Eepública, dan testimonio irrecusa- 
ble, no sólo de su gloria militar, insólita é imperecedera, 



— 31 



sino también tle su divino esfuerzo. Porque si es empresa 
(le héroes levantar la bandera del derecho en un pueblo sojuz- 
gado, pero que tiene la conciencia de |sus prerogativas, pro- 
clamar los fueros de la independencia nacional en medio de 
una generación de esclavos habituados al peso de sus cadenas 
y que combaten en pro de sus tiranos ; y llevar á cabo tal 
empresa, arrostrándolo todo, sin exceptuar la fuerza irresis- 
tible de preocupaciones seculares ; creándolo todo, desde la 
conciencia individual hasta el criterio público'; es algo que se 
acerca, cuanto cabe en lo humano, á aquel poder divino que 
hizo brotar la luz desde el abismo de las más espantosas 
tinieblas. " 

¿Y qué eran sino multitudes anónimas los individuos 
que en 1812 veian en las naturales conmociones del planeta 
la ira de Dios que condenaba la legítima aspiración hu- 
mana hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad, sancio- 
nadas y promulgadas por Dios mismo por boca de su Yerbo 
en la oración sublime que declara á los hombres todos hijos 
de un solo Padre que está en los cielos ^ 

¿ Y quienes eran los soldados que á las órdenes del te- 
rrible Bóves combatían en pro de sus tiranos bajo el pendón 
de España, sino los mismos á quienes Bolívar y los liber- 
tadores trataban de devolver sus fueros de hombres libres '? 

Nada pervierte tanto el criterio histórico como la promis- 
cuidad de las distintas épocas que ha alcanzado la civilización. 

Las colonias españolas del siglo XY tenían que basarse 
en el sentimiento de egoísmo nacional predominante entonces, 
vinculado en la persona del monarca : la idea que presidió 
á su fundación, si bien era cónsona en aquella época, tenia 
que ser liberticida y no libertadora, so pena de destruirse 
á sí misma ; y siendo así, mal podían salir de la colonia, mo- 
ralmente hablando, los héroes de nuestra independencia. 

Es indudable que alguna simiente de libertad existia en 
la organización colonial, el municipio, por ejemplo ; pero ello 
no es imputable á previsiones políticas españolas, sino á la 
ley misteriosa de la Providencia, á aquella ley eterna que 
hace concurrir á los tiranos mismos á la obra emancipadora 
de la humanidad. 



32 — 



" ^^y^^y-s.^..^^ 



Sin duda que el tiempo transcurrido de un año á esta 
parte lia sido causa de que el señor Fombona no haya re- 
cordado fielmente mis palabras acerca de la civilización in- 
dustrial en Venezuela. 

Permítame, por tanto, recordarle que yo, después de la- 
mentar el funesto descuido en que yace entre nosotros la 
educación del alma, virtud g-eneradora de los gi'andes pue- 
blos, y luego de exponer que la gi*an educacionista en 
este ramo es la Madre por lo mismo que e) sentimiento 
es el idioma del alma ; lamenté igualmente la mala dirección 
que se daba á la ilustración de la inteligencia, para con- 
cluir echando de menos una instrucción más compatible con 
las tendencias y con las necesidades de nuestro siglo 5 ins- 
trucción que, de seguro, pondría término á la instabilidad de 
nuestros gobiernos de acciones y reacciones^ y formaría ciu- 
dadanos en toda la extensión de la palabra. 

Y decia en apoyo de mis ideas : 

^^ Así como la riqueza es elemento seguro de libertaidy la 
pobreza es imposición ineludible de esclavitud; y esta 
verdad no pierde en nada su absoluta significación al pasar 
de los individuos á los pueblos. Pasad en revista todas las 
naciones de la tierra y veréis que alli donde el hombre está 
rodeado de bienestar disfruta de la libertad del ciudadano, 
al paso que donde vive asediado por la miseria apenas al- 
canza la vida vegetativa del esclavo. " 

Y terminé mis apreciaciones en el particular diciendo : 
"Dada la índole de nuestras instituciones que llaman con 

justicia á todas las clases sociales al ejercicio del poder, y 
aparte la indispensable instrucción que requiere el hijo de 
este siglo, creo que nuestra juventud debe recibir con preferen- 
cia una educación práctica, que al propio tiempo que hombres 
competentes, forme ciudadanos ; ¿porque el dia en que 
cada venezolano obtenga una posición debida á sus aptitudes 
y esfuerzos, alcanzaremos la verdadera, la real, la única ciu- 
dadanía legitima, que consiste en la independencia personal, 
y con ella afianzaremos perdurablemente la Eepública. " 

Kada he de añadir á lo dicho que tiene toda la clara tri- 
vialidad del truismo, y declaro que cada vez. se aquilatan más 



— 33 — 

en mi ánimo tales ideas, no sólo por convicción especulativa, 
sino también por patriotismo. 

Ya vé U. que apenas he tenido que repetir algunos tro- 
zos de mi discurso para defenderme de sus referencias. 

Hay algo en mi sentir que todo lo subordina y lo avasalla : 
y es la verdad, que no guarda miramientos con nada ni con 
nadie; que no tiene patria, ni raza, ni familia; que es uni- 
versal y cosmopolita, y digna sólo de los que la siguen y 
veneran sin preocupaciones de ningún linaje. Presérvenos, en 
buen hora, el cielo de imitar al desnaturalizado Ohan mofán- 
donos de la vergonzosa desnudez de nuestros padres, pero no 
santifiquemos sus faltas 5 y como los buenos hijos del patriarca, 
cubrámoslos, de espaldas, con el manto de nuestro amor filial. 

Permítame U. concluir significándole cuánto estimo el que 
se haya ocupado en mis pobres ideas, siquiera sea para im- 
pugnarlas, proporcionándome así, la para mí honrosa satisfacción 
de contender con quien, como U., tiene en su abono la hidal- 
guía de su raza y de su patria. 
B. S. M.. 

Marco Antonio Saluzzo. 



Caracas, Agosto 13 de 1880, 
Al señor Felipe Tejera. 

Mi querido Felipe : estaban juntos TJ. y el señor Diego 
Jugo Bamírez la noche del sábado último, cuando yo pronuncié 
en el Teatro de Caracas, en presencia de dos mil personas, estas 
palabras : 

^'Bn un acto lauAL é igualmente solemne y en presencia 
de nuestra juventud, se sentaron proposiciones, depresivas de 
la ciencia las unas, y de la historia y de nuestra raza depre- 
sivas las otras.^^ 

Quiero que me diga IJ. al pié de esta carta, si son tex- 
tuales estas palabras. 

Su amigo. 

Evaristo Fomhona, 



34 — 

Caracas, Agosto 13 de 1880. 

Señor Don Evaristo Fomhona. 

Presente. 
Mi estimado amigo : 

En contestación á su anterior esquela, debo decir que no 
recuerdo si precisamente me hallaba con el señor Jugo Ramírez 
en el momento que proferia usted las palabras que me trascribe, 
y que si no me engaña la memoria, son las mismas que le 
oí pronunciar en el Teatro la noche del 7 del que corre. 

Soi de usted amigo y servidor. 

Felipe Tejera. 



Caracas Agosto 13 de 1880. 
Al señor Marco Antonio Saluzzo. 

¡ Y van dos, mi querido Saluzzo ! U. antes de principiarse 
á publicar mi discurso, y el señor Diego Jugo Ramírez antes 
de terminarse la publicación. — U. está en tono, 7io se transfigura 
ni me transfigura^ y merece una respuesta. 

Cuestión previa. 

Sírvase decirme al pié de estas líneas si son textuales 
estas palabras de mi discurso, pronunciado la noche del siete 
de Agosto en el Teatro de Caracas. 

*'En un acto iGrUAL é igualmente solemne y en presencia 
de nuestra juventud, se sentaron proposiciones, depresivas de 
la ciencia las unas, y de la historia y de nuestra raza depre- 
sivas las otras.'* 

Invoco el testhnonio de U. como puedo invocar el testi- 
monio de las dos mil personas allí presentes. 



Su amigo. 



Evaristo Fomhona. 



Al señor Evaristo Fomhona. 

Muy distinguido amigo : 

Cumplo con el deber de contestar su anterior esquela. 
Atento sólo á las ideas que desenvolvía TJ. en su consabido 
discurso, no recuerdo con toda precisión las palabras que em- 



— 35 



pleó IJ. al pronunciarlo; y como la mala fe no es presumible 
entre cierta especie de hombres, debo deferir á la publi- 
cación. 

En todo caso la cuestión no es de forma sino de esencia. 
Su afmo. amigo s. s. q. b. s. m., 

Marco Antonio Saluzzo. 
(Fecha ut supra). 



Caracas, Agosto 13 de 1880. 

Señores Doctor Manuel M^. JJrhaneja y Ledo. Agustin Aveledo, 
Directores del Colegio de Santa María. 

Mis respetados amigos : el señor Diego Jugo Ramírez en 
una carta que me dirige ayer en la Revista Gomercial, trans- 
figura estas mis palabras textuales del discurso que pronuncié 
en el Teatro de Caracas la noche del 7 de Agosto en el acto de 
la repartición de premios de ese Instituto. 

"En un acto igual é igualmente solemne y en presencia 
de nuestra juventud, se sentaron proposiciones, depresivas de 
la ciencia las unas, y de la historia y de nuestra raza depre- 
sivas las otras." 

El señor Jugo Ramírez se permite decir que al publicar 
yo mi preroracion suprimí la frase — aquí en este lugar ^ — y como 
esto no es cierto, quiero que ÜTJ., que estaban á mi lado, la 
borren con la autoridad de su 'palabra austera. Mi conciencia 
es incontrastable ; pero bueno es escudarla con la conciencia 
incontrastable de los hombres de bien. 

Soi de UU. atento amigo y obediente servidor q. b. s. m. 

Evaristo Fomhona. 



Respetado amigo nuestro : 

En contestación á su esquela de hoi, debemos .-decir en 
conciencia, que, en la publicación del discurso sobredicho, 



se- 



no ha omitido usted frase alguna del párrafo en que el señor 

Jugo Eamírez se juzga aludido. 

Nos suscribimos de U. atentos amigos y servidores q. b. s. m. 

Manuel 717* ürhaneja. 

AgusUn AveJedo. 
Agosto 13 de 1880. 

Al señor Evaristo Fomhona. 



Explicación. 



En un discurso de orden .y delante de colegiales y para 
ciertas censuras^ pide el decoro formas abstractas y no formas 
concretas, poco caritativas. Haya benevolencia aun en los ánimos 
más exaltados al dilucidar toda cuestión. Si se puede llegar 
al triunfo de la verdad sin arañar siquiera la epidermis del 
adversario, el ensañamiento no tiene disculpa. 

Celoso de la soberanía de mi alma, una vez expresado 
mi pensamiento, no tolero que nadie lo transfigure ; y siendo 
clara la forma, sobra toda cavilosidad. Seria el más cruel de 
los martirios para mi carácter la sumisión incondicional al cri- 
terio ajeno en materias discutibles. En materias dogmáticas, 
creo y confieso cuánto cree y confiesa la Santa Iglesia Católica, 
Apostólica, Komana. 

Medito una vez y otra vez un tema : lo examino por todos 
sus lados ; y una vez que penetra en mi alma la convicción, 
doi á mis creencias la energía dogmática 5 y sobre dogmas ni 
discuto, ni acepto discusión. 

Cada cual obedece á la lei de su naturaleza y tiene la talla 
y la índole de sus obras. 

Está en la naturaleza del s(íñor Diego Jugo Ramírez la 
carta singular que me dirige ayer en la Revista Comercial. 
Por el testimonio de los señores Tejera y Saluzzo, Urbaneja 
y Aveledo, no tiene razón de ser la carta del señor Jugo. 

Peca el señor Jugo en transfigurar mis palabras, y yo 
le perdono el pecado. 

"Aquí en este mismo lugar," son palabras que pone 
en mis labios el señor Jugo, i Tendría yo la impudente arro- 



— 37 



gancia de desmentir á dos mil personas ? ^ Cabria miedo en 
quien esas palabras hubiera pronunciado en aquel acto solemne, 
al repetirlas en la prensa de Caracas f 

Ahonda más la sangrienta herida el señor eTugo Eamírez, 
al sentar que las suprimí al publicar mi peroración. 

Es tan limitada mi inteligencia, que el señor Jugo Eamírez 
no me cree capaz de comprender el título de sus versos: 
''Vanidad de la ciencia 5" y entra en una larga y poco 
eufónica explicación, para transfigurarlos á su voluntad, faltando 
á la buena fe que deben a la sociedad los escritores pú- 
blicos. 

En un arranque olímpico, alardea de ortodoxo, y ^'condena 
á Eenan por el atentado de desfigurar los textos orientales para 
poder deducir de ellos especiosos argumentos contra la divinidad 
del Eedentor del género humano." 

1^0 transfiguró el señor Jugo Eamírez el texto de mi 
discurso ? Si el señor Jugo imita á Eenan en la transfiguración 
de textos, es entonces de la escuela del heresiarca francés. 

Termina el señor Jugo negándome el sano criterio ; y quiere 
que ''me apresure á descargar sus débiles hombros del agobiante 
peso que he querido echar sobre ellos.'' 

Y el peso es algo más ponderoso de lo que se figura el es- 
critor de la carta de ayer. 

Mantengo las formas abstractas de mi discurso : nada me 
obliga á confesar si al componerlo pensé ó no pensé en los 
versos del señor Jugo ', y ahora voy á presentar al señor Jugo, 
probándonos, él mismo, en verso, su horror, su innato horror 
á la CIENCIA HUMANA. 

VANIDAD DE LA CIENCIA. 

En la distribución de premios del ''Colegio de Santa Ma- 
ría," en honra de los Directores del Instituto, publicada en 
"La Opinión Nacional'' de Caracas de 8 de Agosto de 1879. 

Espanta la humillación en que hunde el señor Jugo Ea- 
mírez nuestra divina prosapia. El hombre. 

Pretende el infeliz alzarse al cielo 
Cargado con su túnica de escoria. 



— 38 

Larva que perezosa 
En cárcel de crisálida despierta 

Y quiere codiciosa 
Los aires sacudir cual mariposa 
Sin dejar su prisión rota y desierta ; 

serpiente maldita 

Que al ver cruzar el ave en raudo vuelo, 
Sus anillos agita ; 

Y el dorso en espiral, se precipita 
Tras la sombra del ave por el suelo. 

De polvo el grano leve 
Que sobre el ala va del torbellino, 

1 Cómo á juzgar se atreve 
Del poderoso aliento que lo mueve 

Y rápido lo arrastra en su camino '? 



Así la HUMANA CIENCIA, 
Leve arista al espacio levantada ; 

Así LA INTELIGENCIA, 
Chispa inmortal de la Divina Esencia 
Que en búcaro de barro está encerrada. 



^„ Por qué el señor Jugo nos dice ahora^ al reproducir la 
composición, en la Revista de ayer : 

Así la FALSA ciencia, 
y nos dijo entonces 

Así la HUMANA CIENCIA ! 

l^ Cree que es menos abollable su escudo poi* transfigurar en 
falsa ciencia su HUMANA CIENCIA ? 

¿„ Qué es falsa ciencia '? 

La ciencia es nuestro mentor divino en este dédalo del mundo. 
Me encanta y me cautiva, como gracia de Dios, desde que des- 
pertó mi razón para rendirle culto. Sin esa luz del cielo, sin 
esa ciencia humana, pálido rayo de la ciencia divina, andaría- 
mos á oscuras, ensangrentado el pié, doblada la frente y turbada, 
el alma, por este Edén del mundo. 



— M 



Uno dé nuestros escritores más espirituales calificó de 
PARADOJA INCIVIL esos versos del señor Jugo. Otras personas 
sensatas calificaron de inoportunas semejantes estrofas. ¡ Horror 
á las ciencias en el santuario de las ciencias y á la hora de 
la genuflexión de sus sacerdotes ante sus altares divinos ! 

La ^'Vanidad de la oiencia," es por su sólo nombre 
un ultraje al sentido común en aquel acto literario. 

Yoi á terminar estas observaciones copiando fiehnenU tres 
versos del señor Jugo en su silva "El Imperio del mal.'' 
" ¿ Y te envaneces, hombre, con tu ciencia ? 
Charca de impuras aguas estableadas 
En que no siempre ufano sobrenadase^ 
El señor Saluzzo para mañana. 
Caracas, Agosto 13 de 1880. 

Evaristo Fomhona, 



Caracas, Agosto 14 de 1880. 

Señor Marco Antonio Saluzzo. 

Voy á contestar^ mi querido Saluzzo, la carta que me dirige 
U. en la Revista Comercial de 11 de Agosto. Mantengo las 
formas abstractas de mi DISCURSO que no consienten ninguna 
alusión, porque en las regiones de mi espíritu yo soi el único 
soberano. Hubo casos en que la tiranía castigó hasta los 
sueños y en que pretendió por las líneas del semblante tra- 
ducir los arcanos del pensamiento. Comprendo por su esquela 
de ayer que no se detiene U. en la forma de mi discurso sino 
en la ESENCIA j y en este sentido me advierte U. que estamos 
en polos encontrados y creo que tiene U. razón j pero yo me 
mantengo firme á la sombra de mi bandera. Copio á U. 
SIN TRANSFIGURARLE. 

" La conquista de América ofrece á la critica uno de 
tantos contrastes que fijan la fisonomía de ciertos períodos 
históricos, y que se manifiestan animados de im espíritu alta- 
mente dramático. Por medio de ella tomaron posesión de 
nuestro continente dos principios rivales que se han disputado 
el imperio del mundo desde las edades más remotas, á saber: 



— 40 



la asociación y el individualismo, ó sean el socialisino' y la- 
autonomía humana. 

" Mientras que el primero de estos dos principios ( el 
principio español) lo DEVASTABA TODO, sin dejar siquiera 
vestigios de los elementos que constituían la manera de ser de 
los pueblos que se le opusieran, y tomaba posesión de la tierra 
en nombre de la fuerza y por autoridad de la espada; el 
principio individual (el principio inglés) respetando LA 
DIGNIDAD HUMANA, dejaba en pié las manifestaciones sociales 
y políticas que sallan á su encuentro, respetaba sus antece- 
dentes históricos con los cuales se complacía en coexistir; y 
hacia consistir su posesión en convenciones que se derivaban del 
derecho. 

" Tal es el contraste que ofrecen la colonización de 
la parte septentrional de América y la de estas regiones por 
nosotros habitadas : aquella ( la colonización inglesa ) llevada 
á cabo por la acción privada de individuos que, expulsados 
por el fanatismo del teatro europeo, buscaban tieri'a para colocar 
la piedra de su hogar y la piedra de sus aras ; y ésta ( la 
colonización española ) organizada oficialmente y realizada de 
un modo colectivo, SIN otro móvil que el hallazgo áe fabu- 
losas riquezas. 

''Dos RAZAS presiden respectivamente estos DOS ACONTE- 
CIMIENTOS : allá la sajona, acá la latina : aquella con todo el 
idealismo de su conciencia independiente, pero respetuosa á la 
par por la conciencia ajena : ésta con su genio ábsorhente^ 
reclamando el ejercicio absoluto del imperio en nombre de su 
voluntad soberana, que no puede coexistir con ninguna otra. 
La primera ( la raza sajona ) preparó un pueblo que ha pasado 
por todas las transformaciones políticas del modo menos cruento : 
la segunda ( la raza latina, y yo digo la raza española ) creó 
organizaciones tan forzadas que hubieron de disolverse en 
medio del tétanos moral de pueblos inconscientes y entre con- 
flictos de crimen y barbarie. 

"En cuanto á la instrucción creo que debe ser más 
compatible con el espíritu, con las tendencias y con las necesi- 



41 — 



dades del siglo; y por lo mismo, más concreta, más práctica, 
más aplicada, para que sea útil y sobre todo productiva. 

" Yo os suplico que no os alarméis con estas palabras, ni 
las condenéis, llevados de aquel nobilísimo pero lírico desinterés, 
tan característico de nuestra raza, que desprecia el oro y lo 
maldice, cuando debiera solicitarlo y bendecirlo." 

El idealismo de la raza sajona está en el alma ideal de TJ., 

señor Saluzzo : la historia no lo autoriza. Procede U. según 

la leí de su carácter nobilísimo ; y la clara lente de sus ojos, 

telescopio de gran fuerza, amplifica el rincón de Pensilvania, 

donde el honradísimo Guillermo Penn, apóstol cristiano, sembró 

la palabra de Dios que hace fructificar la tierra y quererse 

los hombres como hermanos ; y gracias á la poderosa virtud de 

ese telescopio, fijo sobre el deleznable verjel de Pensilvania, 

cree ver U. en todas las colonias de [N'orte América el Edén 

del ]:íí"uevo Mundo. ¡Cuántas caídas mortales, cuántos dolores 

agudos, cuánta bárbara opresión, cuánto delirio brutal en 

aquellas colonias, antes y después de llegar á las playas del 

Kuevo Mundo el venerable Penn, sacerdote de Dios! El 

Licurgo moderno como le llama Montesquieu, fué ave de paso 

en aquellas regiones : fué contrariado por el gobierno inglés : 

hizo cuánto humanamente le fué posible para propagar en Pensil- 

Tania el amor á Dios, el amor al prójimo y el amor al trabajo ; 

tres grandes amores, alma de los pueblos libres, como deben 

serlo todos los pueblos cristianos ; y mientras la posteridad de 

Jesucristo viva en la tierra, bendecido y ensalzado será Guillermo 

Penn, humilde cuáquero de tan grande corazón y de tan excelso 

espíritu. Y algo más todavía que el Licurgo de Esparta y 

el Licurgo de Filadelfia, valen nuestros misioneros españoles, 

colonizadores del Kuevo Mundo ! 

Una ojeada, señor Saluzzo, sobre las colonias británicas 
de Norte América. 

Eesuelve Isabel de Inglaterra colonizar el norte de América 
y sale, al efecto en 1585 para las playas del Nuevo Mundo 
Sir Eichard Greenville con siete navios: toca en Eonaoke, 
deja allí ciento ochenta colonos, que se ocupan más en buscar 
minas de oro que en cultivar la tierra. 



42-^ 



Muere Isabel en 1603. Sucédele Jacobo I que el 10 
de Abril de 1606 expide una pragmática en la que disponia, 
en favor de sus subditos, de todos los descubrimientos hechos 
hasta entonces en la América del Norte j y para apoyar lá 
usurpación arma dos expediciones. 

Poco fruto produjeron las dos compañías marítimas di» 
Londres y de Plymouth, autorizadas por Jacobo I para colo^ 
nizar á Virginia. 

^^ La Administración superior de las primeras colonias 
inglesas en el IS'uevo Mundo, dependia de un Consejo, residente 
en Londres ; y de otro, de orden inferior, residente en las 
colonias } y uno y otro se componían de miemlyros nombrados 
por la Corona. Todos los colonos eran subditos ingleses." 

1620. — Principio de la esclavitud en las colonias inglesas. 

1627. — La Compañía marítima de Plymouth concede álos 
Puritanos que emigran á Virginia la bahía de Massachusset : 
gobierno poco democrático : iglesia intolerante. 

1630. — Los agentes de la compañía de Plymouth fundan 
las colonias de Nueva Hampshire y de Meine. 

1632. — Edictos reales para impedir la emigración á América. 
Colonia de Mariland, desmembración de la Virginia. Lord 
Baltimore, gobernador, depende de la Metrópoli. 

1637. — Nuevos edictos contra la emigración. Se propone 
el gobierno inglés extender el Poder de la Corona sobre las 
colonias de Nueva Hampshire y de Meine. 

1646. — ^Jorge Fox, zapatero de Leicester, funda la secta 
de los cuáqueros. 

1653. — Hobbes enseña en Inglaterra en sus ^' Elementos 
de filosofía," que no hai más derecho que el derecho de la 
fuerza: Cromwell, el mansísimo y liheralisimo Cromwell, 
Protector, su mejor expresión. 

1664. — Carlos II expide letras patentes en favor de su 
hermano el Duque de York, por las cuales le da, en propiedad, 
la porción del Continente Americano, entre el Kennebeck y 
el rio Santa Cruz, entre la orilla occidental del rio Conneticut 
y la oriental del Delaware, incluso el temtorio Long-Lsland. 

Estas letras patentes conferian al Duque de York el poder 



43 



absoluto que ejerció hasta su elevación al trono bajo el nombre 
(le Jacobo II. 

16G5. — Carlos II da, en propiedad, á su detestado Ministro 
el historiador Clarendon y á sus socios, por real pragmática 
todo el territorio del Atlántico al Pacífico, desde el 29? al 36? de 
latitud norte. El territorio regalado comprendía países no des- 
cubiertos, posesiones españolas y posesiones francesas. El Mo- 
narca inglés era magnífico en larguezas que nada le costaban : 
sólo el trabajo de autorizarlas con su real nombre. ¡ Excelente 
modo de respetar el derecho ajeno y excelente manera de colo- 
nizar ! 

1669. — Nueva Constitución de la Carolina : nobleza here- 
ditaria : servidumbre colonial : ninguna libertad política : disen- 
siones religiosas. 

1681. — Carlos II concede á Guillermo Penn las tierras del 
Delaware, con la condición, en la carta-puehla, de fundar la 
provincia de Pensilvania y sancionar leyes que no fuesen 
contrarias á las de la Madre patria. La Corona no podia 
establecer impuestos sin el consentimiento de la Asamblea popular 
ó sin un bilí del Parlamento. Afianzado el orden en el sentimiento 
religioso y en las costumbres públicas, alma de su virtuoso 
Fundador, Pensilvania es un modelo de pueblos libres. ¿ Cuánto 
dura ese modelo *? 

1682. — Lucha entre la Corona y sus colonias de América. 

1687. — Después de cinco años de resistencia por parte 
de las colonias americanas, todos aquellos gobiernos dejan de 
ser libres. La Corona se reserva la provisión de los principales 
empleos y reglamenta la navegación y el comercio, como 
Soberana. 

1731. — Dos Gobiernos en la Carolina, uno al sur y otro 
al norte. 

1755.— Para hacer frente á los franceses del Canadá, 
proyecta el gobierno inglés confederar las colonias. 

1765. — Impuesto sobre el papel sellado. Las colonias 
resisten por no tener representación en el Parlamento. Congreso 
de Nueva York : exposición de quejas de los colonos. Exalta- 



^M — 

Í7vi6. — El gobierno inglés susi)ende el comercio con las 
coiouias americanas: exacerbación en las ciudades manufactii^ 
rei-a.s dt- la Metrópoli. Revocación del acta del papel sellado. 
FA Key destituye al Ministerio que promovió y aceptó la medidaj 

1767. — Nuevos tributos sobre la cristalería, el papel, los 
colores y el té, importados de Inglaterra. — Resistencia de 
Boston. 

1768. — Se crea un Secretario de Estado para las Colonias. 
Crece la exaltación colonial á causa de los nuevos impuestos. 
Convención de las colonias en Boston. La Metrópoli envia 
tropas y elementos de guerra para aplacar los ánimos exaltados. 

1773. — Explosión de las Colonias americanas con motiví» 
del impuesto sobre el té. Congreso colonial en Filadelfia. 

1775. — Propuestas de reconciliación estérilmente presentadas 
por Franklin. Guerra de la Independencia. 

1776. — Julio 4. — El Congreso de Filadelfia declara la 
independencia de los trece Estados Unidos de la América del 
ISTorte. Jorge Washington, plantador de Virginia y superior 
á Cincinato, es el alma de la Revolución. 

Inglaterra no permitía en sus colonias americanas ninguna 
especie de fábrica ; ni siquiera fraguas. El Parlamento declaró, 
á mediados del siglo XVIII, perjudiciales á la Metrópoli las 
fábricas coloniales ; y el gran Chattham exclamó que no debia 
tolerarse á las colonias americanas fabricar ni una punta de 
clavo. 

El rasgo más pronunciado de la angélica colonización inglesa 
y de la satánica colonización española véase en este paralelo. — 
La raza indígena vive en su hogar, como en familia, con la 
raza conquistadora, en los antiguos dominios de España. El 
indio Juárez era ayer Presidente de los Estados Unidos Mejicanos, 
antiguo vireinato de Nueva España. Pruébeseme que tiene 
igual fortuna la raza indígena en los antiguos dominios de 
Inglaterra. JVo se me probará. 

Ya ve U., mi querido Saluzzo, por esta rápida reseña, el 
idealismo de la raza sajona, en su colonización americana. La 
guerra de emancipación de las Colonias inglesas, es más cruel 
que la guerra de emancipación de las Colonias españolas. 



45 



En la carta que me dirige ü. en la Revista Comercial de 
11 de Agosto, hai un párrafo, digno de mención, por lo edifi- 
cante y evangélico : digno de la piedad filial. 

"Si al hablar de las razas que tomaron parte en la colo- 
nización de América, no hice sino ceñirme á la verdad histórica, 
no procedí de diferente modo cuando me referí á las colonias 
españolas. Dije que el éxito definitivo y glorioso de la guerra 
magna de nuestra independencia, debióse exclusivamente al 
poderoso genio del Gran Bolívar, secundado por sus extraor- 
dinarios tenientes, ya que la conciencia pública no podia existir 
en multitudes anónimas^ avezadas á un despotismo secular." 

¡ Y de esas multitudes anónimas salió aquella constelación 
de adalides que llevó al campo de batalla el heroísmo de sus 
mayores ; y aquíiUa constelación de sabios que llevó al Consejo 
délos Pueblos la ciencia del Estadista! Ya en otra ocasión un 
Ministro de Estado y hombre de letras y en una solemne festi- 
vidad cívica, habló de la colonia esclava, de la colonia sin 
costumbres, de la colonia extraña á los más triviales principios 
de humanidad y de decoro. Pueblos viles son incapaces de 
emancipación : pueblos cobardes no sienten el estímulo de la 
gloria: pueblos corrompidos se devoran en la oscuridad : multi- 
tudes anónimas viven y mueren en la anonimía. Pidamos á 
la Kepública algo más de lo que nos ha dado la colonia. Aver- 
goncemos á la colonia con las virtudes de la Kepública. 

Me siento fatigado, mi querido Saluzzo, de recorrer tan 
áspero camino. Camino real, más despejado, se abre ante 
mis ojos. 

" Desde la creación del mundo, habla Posada Gutiérrez, 
Procer de Colombia y Edecán de Bolívar 5 desde la creación 
del mundo, la conquista del Paraguay por misioneros espa- 
ñoles, es la única conquista ejecutada sin derramar una gota de 
sangre del pueblo conqiiistado, sin cometer la menor violencia ; 
y sacrificándose un gran número de los religiosos catequiza- 
dores, sin oponer resistencia, y sirviendo de alimento á los 
antropófagos, á quienes buscaban en las selvas y en los pan- 
tanos, sin interés propio, sólo por mejorar su suerte sobre la 
tierra y enseñarles el camino del cielo 



46 



" El gobierno que establecieron aquellos padres venerables 
en su República, era más que patriarcal, pues los antiguos 
patriarcas desde Abraham, Isaac y Jacob, tenían siervos : era 
paternal 

"En cada aldea había talleres establecidos por los mismos 
misioneros que aprendían los oficios mecánicos para enseñar á 
los niños el oficio que más les agradase, según su genio é 
inclinación , , 

^'De manera que los misioneros españoles en las selvas 
primitivas de nuestra América, cambiaron la edad de hierro 
en la de oro de la mitología 

"Las recomendaciones de la augusta Reina de Castilla 
Isabel la Católica, sobre el trato blando que debía darse á los 
indios, enternecen , , . , 

"El español fué el único de los conquistadores de estos países 
que dio la mano de esposo á la india 

" Los españoles nos enseñaron cuánto sabían -, y si no nos 
dieron libertad política, tampoco la tenían ellos ; pero en admi- 
nistración de justicia, en franquicia y en ensanche del poder 
local de los municipios, no podemos quejarnos de que no se 
nos concediera lo que en España tenían ; y era un hecho recO' 
nocido que más lihertad se gozaba en las Américas que en 
Uspañd''' 

¡ Oh colonia esclava, colonia sin costumbres, colonia extraña 
á los más triviales principios de humanidad y de decoro í 

" Los españoles, en todo el Continente americano que 
poseyeron, han dejado soberbias ciudades : Cartagena, Bogotá, 
Medellin, Calí, Popayan, Méjico, Puebla, Veracruz, Guatemala, 
Lima, Valparaíso, Montevideo, Buenos Aires, Caracas y muchas 
otras más. ¿ Qué han dejado ó qué tienen los demás conquista- 
dores en sus colonias de América ? ÍTada 



— 47 — 

" En todas partes dejaron también los españoles, colegios^ 
hospitales^ hospicios^ suntuosas iglesias, edificios espaciosos 
para el servicio público, puentes, fortificaciones de primer 
orden etc. etc." 

¡ Oh multitudes anónimas, avezadas á un despotismo 
secular ! 

Son ciertamente mm notables, dice Humboldt, los progresos 
intelectuales en Méjico, la Habana, Lima, Quito, Santa Fe, 
Popayan y Caracas. 

¡ Oh pueblos inconscientes, sumidos en la más bárbara 
ignorancia ! 

¡ Cuan querida es la memoria de muchos magistrados espa- 
ñoles ! ¡ Qué dulce suena en América para las almas agrade- 
cidas el nombre preclaro del dignísimo Yirey el Conde de Revi- 
llagigedo y el no menos ilustre del dignísimo Virey el Conde de 
Fuenclara. 

''¡ Feliz el pueblo que, con una paz de tres siglos, ha borrado 
la memoria de los atropellos de la conquista !" 

¡Ojalá sea la independencia más gloriosa que la conquista! 
¡ Ojalá que la bandera de la Eepública aliente y abrigue á su 
sombra más altos intereses que la bandera de la Monarquía ! 
¡ Ojalá que los actuales señores de la tierra eclipsen en virtudes 
cívicas el buen nombre de sus mayores, y hagan olvidar en una 
paz, siquiera de tres siglos, los atropellos de su período consti- 
tuyente, no cerrado todavía después de sesenta años de eman- 
cipación ! 

Sentiré no traer á mis filas al galhirdo escritor de Umpio 
pensamiento y de forma rotunda y que me tiene tan obligado por 
sus muestras de compasión en mis horas de amargura. Punto 
final á mi Discurso del 7 de Agosto. 

Siempre le quiere á U., señor Saluzzo, su amigo 

Evaristo Fombona. 



48 — 



Caracas, Agosto 17 de 1880. 
Señor Evaristo Fomhona. 
Mili distinguido amigo! 

A las 7 li. a. m. del dia de ayer fué que llegó á mis 
manos el número de la Revista Comercial en que corre publi- 
cada su contestación á mi carta anterior ; y por tal circunstancia, 
independiente de mi voluntad, no la contesté ayer mismo. 

Sirva esto de excusa. 

No crea usted que trate de arrastrarlo, siquiera sea por la 
coacción del afecto, á proseguir en una discusión que usted ha 
declarado cerrada en su último escrito de ayer ; sin embargo de 
creer que ella cederla en pro de los intereses legítimos y perma- 
nentes de la verdad histórica en lo pasado y de nuestras 
apiraciones hacia lo porvenir. 

Empero, en gracia de la cortesía misma, quiero y debo con- 
testíir á aquel ilustrado escrito suyo, poniendo á mi vez punto 
á lo que para otros hubiera sido polémica acre, y que entre nosotros 
no ha pasado de familiar coloquio. 

Mis alusiones á las razas son de pura metonimia, y usted 
sabe mui bien que ésta es ineludible en todos los diccionarios 
de las lenguas humanas. La idea generadora y absoluta de 
mis escritos en la consabida cuestión: idea que he profesado 
y profeso como cristiano y como político, es que LA ACCIÓN 
PRIVADA DE LOS INDIVIDUOS, la accion que fia sus propó- 
sitos á las persuasivas insinuaciones de la razón, ha sido y 
es y será siempre más compatible con la dignidad humana y 
más fecunda para la filosofía, que la accion oficial de los go- 
biernos: la primera se refiere á las conveniencias individuales 
para producir armónicos efectos ; la segunda se inspira en las 
ambiciones de un hombre ó de un partido ó de un pueblo 
para producir la imposición : la una se vale de la palabra que 
es el medio luoral de la inteligencia, la otra se sirve de la espada 
que es el resorte material de la fuerza: aquella asimila, esta 
nuita. Civilización y conquista, socialismo y Kepública, aris- 
tocracia y democracia, bien y mal, libertad y esclavitud, he 
aquí los respectivos términos de esta eterna antítesis de la 
historia. 



49 — 



La primera funda las autonomías políticas en Grecia : cons- 
truye con los leños de los bajeles fenicios caminos flotantes 
para que viaje la idea positivista del número : levanta en Car- 
tago el mayor emporio del comercio que vieron los antiguos 
tiempos ; y por uno de' tantos inexcrutables arcanos de la Pro- 
videncia, presta su brazo vigoroso á la naciente idea cristiana 
para detener en su caída á la humanidad, arrastrada al abis- 
mo de la destrucción por el ponderoso cadáver del imperio 
romano. 

Más tarde, los puritanos de Escocia en América ponen 
los fundamentos de la idea individualista, que se transforma, 
andando los tiempos, en el pasmoso conjunto de la República 
Americana. 

La misma erudita enumeración que hace usted de los 
actos oficiales expedidos por el gobierno inglés para ajustar el 
movimiento de sus colonias americanas al molde de sus inten- 
ciones nacionales, constituye autos en mi favor: porque las 
dolorosas perturbaciones que aquejaron á aquellas, no se veri- 
ficaron sino cuando la acción socialista supeditó el movimiento 
civilizador de los individuos; y eso quiere decir que idénticas 
causas produjeron idénticos efectos. 

Aplaudo el celo con que sale usted al frente siempre 
(jue se trata de la honra de España, pero como toda exajera- 
cion, aun la más noble, ofusca, como ofusca la demasía de 
luz ; he aquí que usted ha sido víctima de tan noble senti- 
miento al ocuparse en mis humildes ideas. El principio 
ESPAÑOL constante en un paréntesis explicativo del escrito de 
usted, no es ramo espontáneo y nativo de mi discurso, sino 
ingerto postizo. Yo hablé de los dos prmcÍ2nos rivales, que 
se han disputado el imperio del mundo desde las edades más 
remotas; y girando siempre en el círculo de las abstracciones 
expliqué mi proposición, añadiendo que aquellos dos principios 
consistían, respectivamente, en la asociación y el individua- 
lismo, ó sea en el socialismo y la autonomía humana. 

Esta es la faz característica de la cuestión. 

Para mí es tan individual y autónomo el filántropo Las Casas, 
como el filántropo Penn, cuando civilizan con la palabra ; y es 
tan socialista el gobierno inglés como el gobierno español, cuan- 



^50 



do, á imitación del tirano Procusto, mutilan con su espada los 
pueblos americanos para reducirlos á las dimensiones de sus 
caprichos de conquista. 

Que el más formidable de tales caprichos fué formalizar la 
conquista en una especulacio7i á mano armada, como ha dicho 
con profunda apreciación nuestro ilustrado Samper, es hecho 
irrecusable. 

El descubrimiento de América acertó á coincidir con el 
empobrecimiento general de Europa, acarreado por las guerras 
de todo linaje que asolaron sus tieiTas. Era la época 
crepuscular de los alquimistas, que se ingeniaban para fabricar 
^ro : la época fabulosa del Dorado ; y América vino á ser el in- 
menso laboratorio de la alquimia, sólo que la espada reemplazó 
á las retortas y el vario tumulto de la guerra á las silenciosas 
especulaciones del estudio. 

Excepto el fraile que representaba el fanatismo religioso, 
todos los conquistadores, desde el capitán hasta el soldado, 
constituían una inmensa compañía comercial anónima ; y de 
allí aquellas organizaciones forzadas á que me he referido, 
cuyos dos términos eran, de un lado los explotadores y los explo- 
tados de otro. 

Todos los esfuerzos oficiales del gobierno inglés no fueron 
poderosos á matar los fecundos gérmenes de libertad individual 
sembrados en la América del Norte por los puritanos escoceses ; 
sin que pueda decirse otro tanto respecto del gobierno espa- 
ñol en el vasto territorio que exclusivamente dominaron sus 
armas. De allí los diferentes medios de acción en que se mo- 
vieron Bolívar y Washington. El último encontró en su pue- 
blo la conciencia de ciertos derechos, creados por el móvil 
individual tan j)oderoso en todos los tiempos y en todos los 
países : el primero encontró aglomeraciones humanas de fiso- 
nomía colectiva, que vivían de asiento bajo el doble tutelaje 
de la reyecía y de la teocracia. 

Kada tiene, por cierto, de parodójico el que de estas mul- 
titudes anónimas surgieran los hombres extraordinarios que 
proclamaron la Eepública y que la hicieron triunfar al través 
de esfuerzos legendarios. Bolívar y Miranda y Sucre y España 
y Gual y Eóscio y Tovar y Yánes y Peña, son hombres su- 



51 



periores, cuyo inmortal espíritu tenia que surgir aun de la 
colonia, como surgieron Moisés de la servidumbre de los Farao- 
nes, Cecrops del simbolismo de los magos, Sócrates del pan- 
demónium de los sofistas, Galileo de la ignorancia del fana- 
tismo, Colon de la noche de las preocupaciones, í^apoleon el 
Grande de la anarquía revolucionaria. 

Además, Bolívar y Miranda ó Miranda y Bolívar eran 
cosmopolitas en civilización. Bolívar, como el fundador de la 
democracia romana, habia evocado el espíritu inmortal de los 
antiguos dias déla ciudad eterna, y jurado redimir á su patria 
sobre el frió hogar del pueblo-rey, poseído del espíritu sagrado 
de los héroes del orbe. Miranda, encanecido en la ciencia po» 
lítica, traia á su patria las gloriosas ejecutorias que inmortalizaron 
su nombre en la lucha titánica de los pueblos oprimidos contra 
los reyes opresores. Y Páez y Marino y Barmúdez y Aris- 
mendi y Monágas y Piar y Gómez y Urdaneta, obedecían al 
doble magnetismo de aquellos dos genios y de una gran idea. 

Así salió de '^ esas multitudes anónimas aquella conste- 
'' lacion de adalides que llevó al campo de batalla el heroísmo 
^' de sus mayores, y aquella constelación de sabios que llevó 
" al Consejo de los pueblos la ciencia del estadista ! " 

Lejos de sentirme fatigado, mi ánimo respira á plenos pul- 
mones en la atmósfera serena y pura á que me ha conducido 
usted, amigo mió, y ojalá que siempre me cupiera en suerte 
tener contendores que, como usted, me proporcionen la ocasión 
de aquilatar más y más la sagrada religión de la verdad. 

Como patriota y como americano, acepto del modo más efu- 
sivo su demanda porque la Eepública nos dé no solo algo más 
sino infinitamente más que la Colonia : ello es ineludible por 
providencial, y nada será parte á que así no suceda ; que 
si hasta hoy no lucen en todo su esplendor práctico las 
conquistas de nuestra laboriosa civilización, culpa es de aque- 
lla ley incógnita á que tanto obedecen les pueblos, y en fuerza 
de la cual el género humano no se posesiona sino gradualmente 
por dilatadas etapas de las verdades prácticas del progreso. 

Empero, esperemos y trabajemos entre tanto. 

ííosotros somos de la raza de los creyentes. 



— 52 



No desesperaron nuestros padres cuando les puso yugo el 
ag areno, después de haber dispersado á todos los vientos las sa- 
gradas cenizas del hogar español: ni cuando los vencedores 
del mundo ocuparon sus tierras : ni desesperaron ayer nuestros 
hermanos al ver sentado en el trono de la gran Isabel á un 
descendiente de sus antiguos alabarderos. Antes bien, Pelayo 
levantó en las rocas paternas la bandera que Rodrigo 
dejó rota y anegada en las revueltas aguas del Guadalete: y Bailen 
y Zaragoza responden á Bayona y al dos de Mayo : y la mo- 
narquía nacional se restaura y restablece, rejuvenecida por la 
sangre fecunda de la democracia. 

No desesperemos, mi distinguido amigo, ni nos preocupemos; 
•que la libertad es la madre del orden, por más que sus con- 
trarios se complazcan en desfigurarla con el gorro encarna- 
do de la anarquía. 

La independencia tiene que ser de suyo más gloriosa 
que la conquista: la bandera de la Kepública alienta y protege 
á su sombra más altos intereses (jue la bandera de la monar- 
quía, por lo mismo que lo presente y lo porvenir, salvo raras 
excepciones, superan con mucho á lo pasado en fuerza de la 
ley del progreso. La República tiene lioy sus destinos, como 
la monarquía tuvo ayer los suyos: ayer eran los Reyes, hoy 
son los pueblos. 

No quisiera terminar esta réplica, ya demasiado larga ; 
pero es fuerza hacerlo, no sin protestar á usted que lo estimo 
de veras y que respeto sus opiniones, aunque no las profese, 
como respeto cuánto procede de la nobleza del alma, de la 
honradez y de la ilustración. 

B. S. M. 

Marco Antonio Saltjzzo.. 




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